miércoles, 23 de mayo de 2018

A veces sólo dejo que la vida siga su curso

Estuve alimentando un pichón durante varias semanas. Descubrí el nido sobre el aire acondicionado, en el patio, donde, además,  tengo dos chihuahueños. Intuyendo que sería riesgoso si cayera al suelo, me preparé para soltarlo en un parque cuando lo viera más seguro para alzar el vuelo. Hoy, el ave cayó al piso. Los perros lo mataron. No actué a tiempo a pesar del presentimiento o lógica. 

      A veces sólo dejo que la vida siga su curso. Como en aquella conversación con uno de mis amigos donde lamenté la situación política, económica  y cultural de España, cuánto habían cambiado él y su hermana. Si antes compartimos puntos de vista, hoy resulta evidente que nos separan ideales más que el Atlántico mismo. Rematé deseándoles suerte. Después de unos minutos reflexioné, ese "desearles suerte" se tomó como despedida. El silencio se hizo más largo. Pasaron las horas. No fue éso lo que quise decir. Han pasado los días,  las semanas, no lo he aclarado, quizá no tiene caso. A veces sólo dejo que la vida siga su curso. Ni tirana ni Santa ni mártir, paz:
 


El viento sopla sobre la tierra:
La imagen de la CONTEMPLACIÓN.
Así los reyes de la antigüedad visitaron las
regiones de la tierra,
Contemplaban al pueblo, 
Y les daba instrución.