sábado, 29 de octubre de 2016

Dust

La necesidad de cerrar todo tipo de contacto con el mundo exterior, es una crisis recurrente en mi forma de ser y con la cual lucho continuamente.  ¿Cuántas veces me he repetido que del mundo exterior sólo hay que tomar lo necesario? que después de eso, se vuelve urgente el retorno al círculo privado,  intimo de los seres que conforman mi vida. No hablo de la familia a la que me tocó pertenecer: mis padres con mis hermanos y toda la prole que se desprende del parentesco, que no son otra cosa que un simple suceso desafortunado, en mi caso. Me refiero a la familia que tuve la bendición de crear cuando me separé de la primera. ¿Cuál es el afán que me impulsa a dejar mi casa y salir a tomar un taller literario? ¿Cuál la necesidad de socializar mis textos? ¿Cuál la necesidad de imponerme la penitencia de la humildad, justificada sólo, en el aprendizaje continuo  del vivir que conlleva la existencia misma?  ¿Cuál es la necesidad de escuchar a una vaca sagrada que destroza las palabras, las historias, los motivos, las razones, los planes, proyectos,  la nada? No hagas conjeturas superficiales de lo que digo, no, no he sido destrozada por nadie. Sencillamente -adverbio necesario- mi escozor por todo lo que huele a reglas, barrotes académicos y consejos sibaritas, sesudos de buena intención,  me dejan inapetente. No creo en fórmulas para aprender a escribir ni a comunicar, solo escribo. Escribe, escribelo todo.  Me negué mucho tiempo a abrir una plataforma donde publicar mis pensamientos -porque todo se reduce a mis pensamientos, creencias, formas que tengo de ver, entender la interacción humana- , así fueran mis trabajos periodísticos de los cuales estoy orgullosa y agradecida porque, con ello, retomo la importancia de la otredad, brindo un espacio al otro: a su mundo a su ser particular. La gente siente necesidad de ser escuchada (yo sé escuchar hasta sus silencios). Por esa razón, celebro haber hecho caso a Sanjuana Martínez y ofrecer un tipo de registro a los escasos lectores de mi blog Todo importa, todo lo que hacemos importa, (recuerdo en este preciso momento una de las líneas de la película  Flatliners  que vi ayer. Similar al título de Todo cuenta del ensayista y escritor canadiense Saul Bellow. Libro que dejé inconcluso. Sí, mis libros me hablan). 

Estuve en un taller literario la semana pasada -ya había dicho que me impongo acciones de humildad- con un escritor consagrado, ganador hasta del garbanzo de a libra, que pretendía enseñarnos el secreto de la crónica periodística. Hubo trabajos chispeantes, buenos,  pero que no funcionaron como crónica. Conforme se fueron develando los secretos para escribir una crónica, los posteriores trabajos parecieron mejores pero, ya no bastaba con  el hecho de que fueran una crónica, el consejo o la exigencia ahora, consistía en aportarle  frases matonas e ingeniosas. La exigencia iba en aumento. El maestro bombardeaba tímido, casi solicitaba permiso para lanzarnos la temida desaprobación. Los talleristas, con ambiciones literarias al fin, lanzaban miradas de soslayo, cruzaban los brazos a la altura del pecho, fijaban la mirada en el celular o en la pantalla de su laptop como tratando de amortiguar la desafiante opinión de sus trabajos de los unos contra los otros. Como suele ocurrir o quizá soy mal pensada, quizá mala actitud, el machismo en los talleres literarios abunda. Las mujeres parecemos casi no existir. La mayoría de las veces, las recomendaciones de los mismos maestros  para leer escritoras  son de dos contra diez. Todos esos detalles, las envidias, la competencia, la falta de amabilidad, las descalificaciones,  me provocan ostracismo. Acepto la crítica constructiva pero de ninguna manera aceptaré  que me digan qué escribir. No acepto entrar al juego del regionalismo literario, por ejemplo,  para que, al fin, logren otorgarme una beca o un estímulo. Solo en una ocasión accedí a escribir un cuento,  obligada con el tema de la industria maquiladora en Ciudad Juárez, porque deseaba ser incluida en dicha antología. De ahí en adelante no he vuelto a condicionar mi creatividad en aras de ninguna publicación. La escritura creativa se alimenta de comprensión. Del contacto interno de las fuerzas creadoras en armonía. De ahí deviene la voluntad inquebrantable, plena confianza en nosotros mismos. Lo que escribo tiene que venir de mi propia fuente  y/o motivación personal. No podría escribir ni desarrollar un trabajo que no motive mis propias obsesiones. Supongo que seré una Outsider por el resto de mis días... 


Escribo, recuerdo, corrijo. No eches por la borda las indicaciones del maestro: No usen puntos suspensivos, no punto y coma (son complicados), no los adverbios, no los gerundios, no demasiadas Ys, no sin embargos, no tantos ques,  hagan frases cortas y concisas,  etcétera, etcétera.  

 ''El lavado de cerebros en libertad es más eficaz que en las dictaduras'' Noam Chomsky. 



domingo, 23 de octubre de 2016

"Te ato, para que no hagas daño: daño a los demás ni daño a ti misma"



Capitán de las huestes bondadosas, poderoso guerrero de Luz, guardián amoroso de nuestras almas, vencedor eficaz de los ángeles rebeldes. Provee distancia contra aquella malvada serpiente, que vierte como la inundación más impura el veneno de su malicia en los seres de mente confundida, débil, lastimada y/o corrupto corazón.

Esos astutos enemigos han llenado y embriagado con hiel y amargura sus sentimientos.

Venzo al dragón, vencida está la antigua serpiente, y nuevamente la pongo cautiva en el abismo, para que no pueda ya más seducir a los débiles.Atada está,impedida para provocar el mal, para que no pueda hacer daño, daño a sí misma ni daño a los demás. Amén

martes, 18 de octubre de 2016

Hoja en blanco


Andrea Albarrán trabaja en TVUNAM y es conductora de Stage One México, lee mi poema Hoja en Blanco  durante  el segundo año de lecturas que conmemoran la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa,  en la Ciudad de México. Gracias, Andrea, abrazo enormeeeeee. Video, cortesía de Angy Diaz. 

viernes, 14 de octubre de 2016

Reseña: poemario WARE de Micaela Solís

Por Consuelo Sáenz









El literato de puerta cerrada no sabe nada de la vida. La política, el amor, el problema económico, el desastre cordial de la esperanza, la refriega directa del hombre con los hombres, el drama menudo e inmediato de las fuerzas y las direcciones contrarias de la realidad, nada de  esto sacude personalmente al escritor de puertas cerradas.  
Cesar Vallejo






Micaela Solís es una escritora de puertas abiertas. El instructivo para leer WARE, su más reciente poemario y la razón por la que estamos esta noche aquí, es llevar a flor de piel el recuerdo  y el significado con el que vamos moldeando  nuestra identidad. Recuerdo,  nostalgia e identidad.  Desde sus primeras páginas, Micaela poeta nos lanza un reto y nos pregunta: ¿Quién se atreve?


quién se atreve a apagar
                            la luz
que quema el pecho
cuando duermen los demás

hay un abismo oceánico
            al borde de la cama
un gran problema
un atávico miedo que levanta su mástil
en el vacío
que pudre amarras e inflama velas
[…]

Ese gran problema,  cuando todos duermen y al que le damos vueltas y vueltas, cuando el insomnio penetra en busca de soluciones; cuando el canto del gallo nos alerta del amanecer, entonces, el día trae una idea;   un algo de esperanza inicia jornadas.
WARE concatena historias en forma de poemas. Cuando usted se disponga a leer WARE, se dará cuenta de por qué el escritor Enrique Servín lo definió como “una novela”. Por mi parte, encontré en la disposición del poemario un tipo de LEGO, (esas piezas de plástico con la que los niños forman estructuras y dan forma tridimensional a la imaginación). Tuve la sensación, con algunos poemas, de ser un ovillo cerrada en mi propio ser, así, en posición fetal, una sensación de contraer los puños, encerrarme en mi eje; contraer,  para luego, abrir, liberar. La imagen del huevo que precisa mantener su cascaron intacto para dar paso al ser, a la realización, es pertinente. WARE es un poemario de sensaciones e imágenes ontológicas.
Desde la disciplina sociológica, existen varias formas de abordar el texto literario. Tenemos a la Sociología literaria que pretende analizar a la literatura como  realidad o como un fenómeno de institución social. Para ello, establece un estudio entre  autor, obra, sociedad,  momento histórico  y la orientación política a la que se dirige. Pues debemos recordar que el hombre es un animal político y que todo lo personal es político. De tal disciplina, relativamente joven, se desprende la Sociocrítica, que nos dice que toda obra literaria obedece a las diversas estructuras mentales con la que los hombres son capaces de percibirla. Existen muchos teóricos que han enfatizado distintos aspectos de una obra literaria para que ésta pueda considerarse una obra con validez artística: Bajtin con su dialogismo, Goldmann y el autor colectivo, Lukács y la importancia de la visión totalizadora de la realidad, Eagleton y su análisis del modo general, literario e ideológico de la producción literaria, Bourdieu con la teoría del campus literario, etcétera. La poesía, considerada como un subgénero escapa, afortunadamente,  de los barrotes de dicho análisis, a excepción, claro está de la crítica literaria y el rigor de la métrica. La poesía trabaja con sentimientos y como bien definió Sartre “la poesía no utiliza palabras-signos sino palabras-cosas, del mismo modo que la música usa sonidos o la pintura colores. Para el prosista las palabras son significados, son las armas de las que se vale; para el poeta, las palabras son la cosa misma”,   y para los estudiosos de las ciencias sociales sabemos que nos encontramos en un  terreno cualitativo y abstracto. Por lo tanto, decir qué es poesía y qué no lo es  un asunto que no me interesa abordar en este momento.
La poesía de Micaela Solís representa un acto de rebeldía, representa al escritor-poeta que toma partido por los problemas contemporáneos que nos atañen de forma particular,  porque sabemos que al final de cuentas se convierten en un problema de todos. Es una poesía de compromiso que ha tomado un cariz especial debido a la posición geográfica y de género de su autora: mujer mexicana y norteña viviendo en el norte. Por lo tanto, le toca de manera mayúscula los feminicidios, la frontera, los migrantes, la migra,  los polleros, la violencia, la pobreza,  las relaciones humanas con su degradación a todos los niveles. Pero también, destaco,  es  el canto y la sublimación por el paisaje norteño del desierto.  La extraña fascinación que ejerce una ciudad cismática y en despojos,  un aire de provincia que, por momentos, evoca mejores tiempos. Por eso, Micaela poeta nos dice que: Cuando venus en Juárez aparece
                                 […]
el cielo a corazón abierto se entrega solidario
en las tardes
cuando en ecos repican
en San Lorenzo
                                  mártir
las campanas

tibios son los lazos del viento que fluye
entre aldabas que tocan la puerta
                                  de la noche

Me atrevo a decir que los símbolos en la poesía de WARE tocan de manera particular la psique femenina: la infancia con sus juegos y fantasmas, el álamo, los cedros, los pinos, los sauces, el azul, los quehaceres domésticos, el niño que no ha comido, los ladridos de Marieta, la despensa,  la tía,  el primo-pariente-hermano-hijo que abandona el terruño y  emigra hacia un porvenir desconocido pero lleno de ilusiones. El quebranto del migrante que busca pero no encuentra. La mujer ventruda que baila en el tubo de un bar en la Avenida Juárez. La tecnología con su promesa de progreso y que solamente  ha creado enajenación, el capitalismo “donde  gobernadorcillos norteños/  venden su cosecha/ de  migrantes centroamericanos a las televisoras/ como frutos de carne/ en vitrales luminosos de pedacería humana […]”.

WARE, rescató de mis recuerdos las tortillas de harina que,  como un ritual que consideré hasta entonces intrascendente, hacía que mi madre amasara todas las noches para que mi padre llevara al trabajo sus burritos hechos con tortillas caseras. La pizca de sal, de carbonato y manteca exactas para extender la masa y pudieran adquirir con hábil maestría su perfecta redondez. Recuerdo cómo observaba las blancas manos de mi madre, con sus venas saltonas y sus manchas por la edad. En el poema titulado La nostalgia

[…]
las tortillas de harina
extendidas a golpes de
                                 ilusión
doradas con patina de aurora
y trigales arcaicos
redondas
por fémina ciencia
                                  inmarcesible
de manos mestizas
muñecas de huesitos saltones
pulsera de los mil palotazos en la masa
[…]

Es entonces que la poesía,   cual espiral,  espejo, como un jardín de senderos que se bifurcan, con sus múltiples significados y realidades nos refleja. Un sistema complejo que se vuelve urgente conocer para un mejor entendimiento del mundo. Es extraño que la palabra Ware en el idioma alemán signifique mercancía. Mientras que, para los tarahumaras signifique un material de arte y sobrevivencia.  Traigo a reflexión  el pensamiento de Alfonso Reyes  “el fin de la creación literaria, no es provocar la exégesis sino iluminar el corazón de los hombres, de todos los hombres, en lo que tienen de meramente humano”. Eso es WARE.

Fotos, cortesía de Dora Elena Delgado




Publicado en JuárezDialoga

lunes, 3 de octubre de 2016

SECRETARÍA DE CULTURA

Por fin, una artista en el cargo. Enhorabuena,  nuestros mejores deseos






A inicios de junio de 2017, Agueda Lozano renuncia como Secretaria de Cultura http://tiempo.com.mx/noticia/85455-agueda_lozano_renuncia_como_secretaria_de_cultura/1

sábado, 1 de octubre de 2016

La literatura fantástica no es un devaneo, es un buceo profundo que requiere rigor

Entrevista a Mauricio Molina

Por Consuelo Sáenz 

Pintura de Zdzislaw Beksinski



Nota aclaratoria
Entrevista sin edición. Las preguntas incómodas a las que el escritor dudó responder durante una segunda ronda (específicamente la relacionada con los señalamientos del escritor Heriberto Yépez, y también la del otorgamiento de las becas). Considero importante y trascendente mantenerme fiel a mis convicciones. Aquí no existe ninguna falta de ética de mi parte, no he faltado al canon periodístico en ninguna de sus formas. Las preguntas son las que están sin respuesta. Las respuestas negadas traen a mi mente la frase de la escritora francesa de origen ruso, Elsa Triolet (1896-1970), que dice: El silencio es como el viento: atiza los grandes malentendidos y no extingue más que los pequeños...
Para el portal de La libreta de Irma se ha designado la entrevista oficial.

CS Con frecuencia, cuando se pregunta por literatura fantástica la gente por lo regular no sabe qué autores mencionar, a no ser que mencionen a Borges; a duras penas piensan en una Amparo Dávila, en Inés Arredondo o en Juan José Arreola, por ejemplo. Mucho menos reconocen a los autores actuales. Es, como si la literatura mexicana careciera de lo fantástico o fuera un terreno solamente explorado en el pasado y poco trascendido. En la opinión del escritor René Avilés Fabila, en México, la literatura fantástica no vende. Para un Eduardo Antonio Parra sólo existe y existirá Rulfo. ¿Cuál ha sido su experiencia? ¿Por qué en México es poco reconocida la literatura fantástica?


MM Para comenzar ni Avilés ni Parra son representativos de la literatura fantástica. Lo de Avilés refleja una visión personal de la literatura, en tanto que la opinión de Parra, no creo que sea relevante: él trabaja en otros ámbitos con rigor y soltura. Rulfo, es cierto, es una de nuestras cumbres de lo fantástico, pero ahí están otras vertientes, como Amparo Dávila o Francisco Tario y también nuevas formas de narrar, desde Ignacio Padilla (descanse en paz) hasta Alberto Chimal. Mi experiencia ha sido discreta pero constante. Mis libros de cuentos como Mantis Religiosa, Telaraña o La geometría del caos han gozado de una excelente recepción y crítica. Mil ejemplares vendidos son para mí un éxito. No busco más que cómplices. No soy un mercader, soy un escritor. No me rijo por los criterios de la venta y la demanda. Yo he ganado premios con mi obra de corte fantástico: mi novela Tiempo lunar y mi libro de cuentos Fábula Rasa recibieron el "José Rubén Romero" y el "San Luis Potosí" del INBA, respectivamente.

CS En “Teoría del fantasma” (La trama secreta. Ficciones, 1991-2011) llama mi atención lo que dice el personaje: Un día me dijo que toda persona asistía a un doble nacimiento. […] Su segundo nacimiento, según me dijo, ocurrió cuando trabajaba en una editorial como corrector. […] En un libro había aparecido un error imperdonable, desastroso. No habían servido las revisiones y relecturas: nada había detenido la presencia de aquella errata recalcitrante. Había traspasado, como un fantasma, las miradas escrupulosas de los correctores. Lejos de horrorizarse, como ocurrió con su jefe, quien de inmediato le pidió la renuncia, el hecho le causó un asombro secreto, ya que había sido una especie de corroboración: la vida carecía de finalidad y fundamento. Sus actos, su presencia misma en el mundo, no tenían ningún sentido. No existía una gramática para justificar nuestras acciones. Como tantas otras personas se dio cuenta de que no era más que una especie de errata en el libro de la vida.


Dicho planteamiento me remite al concepto de Alfred Schütz El mundo de la vida en las ciencias sociales y la sociología fenomenológica de la vida cotidiana. El conocimiento natural y el sentido común que permite creer en un cierto control por parte del actor social en la vivencia, los objetos, las personas, etcétera. El acervo de conocimiento que tenemos de las cosas y su eficiencia pragmática. Cuando ocurren fenómenos contingentes que rompen de alguna manera nuestro control aparente sobre los sucesos, ¿cómo vuelve el ser humano a recuperar la zona de confort y qué papel juega esto en su narrativa?


MM Hay una diferencia radical entre ser humano, persona y personaje. A mí me gusta poner a mis criaturas en problemas, en situaciones enigmáticas o terribles. Guiados por sus instintos, poseídos (alienados) por potencias o fuerzas que no pueden entender, no hay regreso. Las pasiones, las obsesiones, las pulsiones, los deseos, dominan la escena. No me interesa que mis personajes vuelvan a una imaginaria "zona de control", siempre relativa; me interesa que escarben, como los personajes de Kafka, en busca de su propia condición. Ahora, en la vida hay que ser más cuidadoso. Salirse de lo cotidiano, vivir una experiencia contingente, puede sacarte por completo del universo como decía Hawthorne, pero también puede ser una experiencia muy rica desde un punto de vista existencial. Uno puede regresar más rico y pleno de una experiencia así. A veces es bueno tomarse unas vacaciones de uno mismo y no tomarse tan en serio.


CS Al fallecimiento de Gabriel García Márquez, usted escribió: “Los presagios eran funestos como en los antiguos manuscritos de Melquíades el gitano: llovió hielo toda la tarde bloqueando los caminos. En la madrugada la luna se tornó roja a causa de un eclipse, pero había quienes no cesaban de afirmar que se había bañado en sangre o, peor aún, que la había devorado un jaguar. Luego murió Gabriel García Márquez. Al otro día la ciudad se estremeció con un temblor. Y luego dicen que el realismo mágico no existe”. Otra vez, parece imposible escapar de los presagios, el destino o la fatalidad de la predestinación… ¿es supersticioso o simple recurso literario?


MM La fatalidad, el destino, son recursos literarios. En la vida las cosas no ocurren así, por desgracia o por fortuna. Profetas como Daniel, Juan, Mahoma o Nostradamus son interesantes porque piensan en términos escatológicos, es decir, hacia el fin de todas las cosas. Pero el azar, lo imprevisto, se encuentran en una dimensión mucho más cercana. Siempre pensamos en el destino a partir de lo que fue, no de lo que pudo ser. Para mí habitamos en un mundo de potencia, mientras que en la literatura, como bien lo entrevió Borges, vivimos en un mundo de la predestinación. Creo que se trata evidentemente de un recurso literario, porque no podemos saber lo que va pasar mañana. El Tarot, la astrología, cualquier principio de adivinación trascendental, sólo son válidos si encuentran un destino artístico. Son cajas de herramientas artísticas y literarias. La vida, como diría Rimbaud, está en otra parte. Nos aferramos a esos principios, como a la Relatividad o a la teoría de los Hoyos Negros (y no pretendo de ninguna manera equipararlos con la metafísica new age), porque no sabemos si mañana vamos a morir golpeados por un meteorito, en un asalto o si vamos a cruzarnos indiferentes con el amor de nuestras vidas en una calle y dos años después vamos a vivir con ella.


CS Es usted un estudioso de los libros extraños e indescifrables, ha dedicado suficiente tiempo y tinta al respecto. Uno de esos libros es el Códice Voynich. Un libro que data de 1404 a 1438. Escrito a mano, con ilustraciones de herbolaria, astrología, astronomía, con pequeñas ninfas desnudas danzando entre flores como captadas por un microscopio, y lo que parece ser símbolos de tratados de alquimia o medicina. El códice mide 25 por 16 centímetros y consta de 240 páginas. Hace poco se publicó que estaba previsto vender algunas copias del manuscrito. ¿A qué conclusiones o acercamientos ha llegado usted acerca del mismo?


MM No he llegado a ninguna conclusión porque se trata de un texto indescifrable. El manuscrito Voynich me interesa por varios motivos: en primer lugar, a 500 años del nacimiento del Bosco, creo que de ser cierta su datación, habría que repensarlo: mujeres desnudas en capullos transparentes, orgías en miniatura, signos astrológicos. Por otra parte me interesan los enigmas. Las pruebas que se le han hecho indican que se trata de una transcripción de otro texto, es decir que sus signos no son azarosos, sino que alcanzan, por su diversidad, la complejidad de un lenguaje natural. Umberto Eco ha escrito acerca de la imposibilidad de crear un lenguaje universal. Nunca escribió acerca de un lenguaje que una sola persona pudiera entender, un lenguaje privado tan oscuro que fuera refractario a cualquier lectura. No se trata, tampoco, del lenguaje de un loco. Finalmente creo que el Voynich es una suerte de metáfora de la literatura: el autor busca transmitir una historia, una sensación, una trama, pero el lector ve otra cosa. El Voynich se erige como una metáfora de la lectura, la recepción, el hermetismo. También me interesa la posibilidad de que se trate de un engaño, de un libro prefabricado para sembrar enigmas. James Joyce, al escribir el Ulysses o el Finnegan's Wake "sembró" enigmas, referencias, juegos destinados a los académicos o a los estudiosos obsesionados. En mi trabajo suelo introducir elementos personales, referencias a otros libros, citas, con el fin de enriquecer el texto. Es una especie de práctica del hermetismo. No hay mayor placer que dejar un buen enigma oculto en un texto aparentemente simple.


CS Bueno, menciona la posibilidad de que se trate de un engaño. Viene a mi mente El Necromicón, que lleva el estigma de ser un simple recurso literario ideado por el escritor estadounidense H. P. Lovecraft (1890-1937). Lo atribuyen también al “árabe loco” Abdul Alhazred. Un libro cuyos saberes arcanos y rituales mágicos provocan la locura y la muerte en las personas que lo leen. Ha sido de inspiración para autores del círculo lovecraftiano, por ejemplo. En ese sentido, El códice Voynich ya ha sobrepasado las expectativas, de que ha sembrado enigmas es indiscutible, pero aún no se encuentra el artificio o sentido de su existencia.


CS Alguna vez mencionó que llegó tarde a la literatura porque antes había querido ser otras cosas, y que se dio cuenta de que era un escritor cuando ganó el premio de Punto de Partida de poesía con el poema Blues y otros poemas, fue ahí cuando se dijo: ¡Mira, sí tengo posibilidades! Dicho esto, ¿qué importancia encuentra en los concursos y premios literarios para la autoestima y convicción de una persona, para creer que lo está haciendo bien, que tiene posibilidades?


MM He perdido muchos más concursos de los que he ganado. Los premios siempre son para los individuos, no para un país, una sociedad. Cuando recibí el premio Punto de Partida de poesía pensé no tanto que era la corroboración de una obra, ni mucho menos su predestinación cósmica, sino algo que estaba haciendo medianamente bien. Ni mejor ni peor que los otros concursantes. Ese premio simplemente me sacó de querer ser biólogo o dedicarme a la poesía, arte al que he sido fiel practicándola por otros medios, buscando en la prosa narrativa los efectos que un poeta buscaría en su trabajo, como el ritmo, la cadencia, la multiplicidad de sentidos. Los concursos no son necesarios ni innecesarios: están ahí desde siempre. La elección de competir es de cada quién. La remuneración es una parte del gusto de hacerlo. La parte verdaderamente gozosa es limar, construir, corregir, hacer más perfectible lo enviado. No sé si me siento más o menos orgulloso de Blues y otros poemas, o de Tiempo lunar. Lo único cierto es que los escribí guiado por la honda certeza de que estaba, en algunos momentos, expresando algo que estaba ahí y no se había dicho. Algo frágil, ni grandilocuente ni espectacular, una partícula de expresión, nada más. Si crees que has logrado hacer eso, vas por buen camino.


CS ¿Por qué no continuó en el camino de la poesía?


MM Por supuesto que lo he hecho: toda mi obra tiene como sustento a la poesía. Mis cuentos funcionan en muchos casos como poemas: las imágenes se espejean unas con otras. Me gusta ocultar un lenguaje simbólico debajo de tramas aparentemente realistas. No sé si lo he conseguido.

CS Es interesante lo que menciona, que ha perdido muchos más concursos de los que ha ganado. Por qué en nuestra sociedad no se habla abiertamente del fracaso, es decir, se señala al que fracasa pero, pocas veces se acepta en voz alta el fracaso personal. ¿Cuándo fracasar dejará de ser un tabú? ¿Cuándo podremos presentarlo como una herramienta de aprendizaje? Y así, en todos los ámbitos de la vida.


CS Últimamente ha salido a la luz toda clase de protestas hacia los concursos y convocatorias literarias y hacia publicaciones espurias (Antología México 20); fuertes denuncias hacia los críticos literarios y su desempeño, sobre todo, a lo que Heriberto Yépez definió: “La mafia literaria mexicana es sustentada por criterios estéticos contrainsurgentes (hoy neoconservadores): una crítica literaria tomada por la derecha cultural. Esa crítica de derecha reseña y repudia; borra y antologa. Esa crítica de derecha es la autora intelectual del desplome de la literatura mexicana”. Es por todos conocido que usted ha fungido como jurado en varios concursos nacionales e internacionales. Desde su trinchera, ¿qué opinión le merece lo que parece ser un descontento por parte de alguna mayoría?

MM Cuando te encuentras con una dicotomía desarticulada que proclama la existencia de una literatura de derecha y de izquierda te encuentras con un discurso maniqueo. ¿Tolstoi o Dostoievsky?, ¿Revueltas o Paz?, ¿Kafka o Thomas Mann?, ¿Luckács o Benjamin?, ¿Bajtin o Propp?, ¿Benedetti o Borges? ¿Dante o Cavalcanti?, ¿Góngora o Quevedo?... Y así ad nauseam. No creo que haya unos de izquierda o de derecha. Hay buena y mala literatura. La mala literatura es muy fácil de descubrir: es la que repite lugares comunes. El Borges conservador revolucionó la lengua española lo mismo que el comunista Vallejo. La literatura no se rige por esquemas parlamentarios. Cuando mis conocidos de internet me salen con una retahíla de "autores de derecha" y se sacan a Bioy o a Céline, paso a preguntarme por sus aportaciones estéticas. A fin de cuentas Joyce y Pound eran profundamente conservadores y estéticamente revoluconarios. De ahí que, en literatura, distingo buenos y malos escritores, renovadores y conservadores, y en ambos encuentro gozosos hallazgos. No sé qué es la insurgencia literaria ni mucho menos la contrainsurgencia. Las antologías son parciales, injustas: no se trata de reunir al sindicato de escritores para que todos voten. Los criterios pueden ser criticables. Pero quien esté en contra de una selección que haga la suya propia, que convoque a sus cuates, que haga un mitin. El tiempo y la distancia darán su veredicto. Acabo de ser jurado en el II Premio de Cuento Fantástico "Amparo Dávila". La experiencia con los otros jurados, la discusión, fueron muy estimulantes y dimos con el cuento maestro. Esto no quiere decir que fuera el único bueno ni mucho menos. La discusión fue acalorada y ríspida y, debo decirlo, con el mayor rigor posible.


CS Decir que quien no esté de acuerdo con una selección, que haga la suya propia, que convoque a sus cuates, que haga un mitin, ¿no sería alentar lo que se critica? ¿Alentar grupos, colectivos y cúpulas de poder excluyente? Como si todos contáramos con los mismos mecanismos de control institucional o de recursos. Porque, al fin y al cabo, si lo vemos fríamente, el camino del excluido será la autopublicación o esperar a que las fuerzas del universo actúen a favor


CS ¿Cuál es la relación de Mauricio Molina con la crítica?

MM Me gusta la buena crítica literaria. De Julien Benda a Pietro Citati o de Roland Barthes a George Steiner, se trata de un género tan legítimo como la poesía. En México Villaurrutia, Jorge Cuesta, Emmanuel Carballo, Juan García Ponce y en mi generación Christopher Domínguez han cultivado este género que exige un temperamento muy especial.


CS Surrealista y desconcertante resulta para los lectores y personas comunes que estamos lejos de los escenarios y la jugada literaria, inclusive para los que están dentro, leer y escuchar los reclamos de unos y de otros, las distinciones entre excluidos y favorecidos. ¿A qué atribuye usted tanto malestar y desaprobación en general?

MM México tiene, con la beca de Jóvenes creadores y con el Sistema nacional de creadores, un esquema bastante inclusivo. Los que no se sacan la beca se sienten excluidos, hablan de amiguismo, y los que se la sacan prefieren no hablar. No hay un "malestar general". Hay que ponerse a trabajar, escribir, ser fiel al propio arte. No veo a Baudelaire ni a Rimbaud buscando una beca, la verdad. Tampoco veo una desaprobación general. Hay malestar como con todo. La salida es escribir sin esperar nada. La verdadera vocación no necesita de reconocimientos. La relación entre favorecidos y excluidos está determinada por factores que van desde el gusto de los jurados –algo siempre relativo: nadie es monedita de oro—, hasta la trayectoria de unos frente a otros. Las variables son múltiples. No se pueden reducir las cosas a la decadencia cultural del país, el patente empobrecimiento de nuestra educación. Es un problema multifactorial.


CS La beca Jóvenes creadores tiene sus limitantes. Las personas mayores de 35 años, que encuentran tarde su vocación y les da por la escritura, no la tienen fácil. El problema de la edad, el límite de edad es real. Llega un momento que se cae en un círculo vicioso. Han salido muchísimas escuelas, talleres y demás servicios que promueven hasta el cansancio el proceso creativo, pero, una vez terminado el producto y si se tiene más de 35 años parece no tener sentido. Se busca una beca porque otorga prestigio, es indiscutible, además del estímulo creativo, la prueba de confianza, “la palmada en el hombro”. Creo, a mi parecer, que el subsidio de las becas es una intención noble que, desgraciadamente, en algunos Estados y épocas no ha sido otorgada equitativamente, por las cuestiones que sean. ¿Qué se puede hacer para que el proceso sea más equitativo?

CS Hace unos días, fuimos convocados medios de comunicación, artistas y promotores culturales a Un diálogo con Javier Corral, gobernador electo de Chihuahua, así lo llamaron. Él señaló su interés principal por la cultura, a la que definió como: “Uno de los principales instrumentos que tiene la comunidad para desarrollarse, para crecer integralmente. Porque si la cultura se viera como un aliado de la educación, del desarrollo económico, del desarrollo social, de la promoción turística, la cultura y lo cultural sería una política prioritaria de los gobiernos”. ¿Qué opinión le merece el rescate de la cultura como parteaguas al desarrollo de un país? ¿Y cuál debería ser la estrategia a seguir para unirla con el sistema educativo mexicano?

MM Creo fundamental que la cultura y la educación deben ir juntas. El problema es que nuestra clase política es en general ignorante, no saben qué hacer frente a los productos culturales, no los entienden. Es evidente que hay que trabajar desde nuestras trincheras, como creadores, por la preservación de nuestro legado cultural y por la creación de nuevos canales para la difusión del arte. La cultura, desde tiempos de Vasconcelos, es el único baluarte que tenemos frente a la barbarie que impera en el país.

CS Entre los muchos autores que lo han inspirado se encuentra Kafka. Leí también que usted considera que ciertas obras de Kafka “no se leen impunemente” ¿a qué se refiere con “impunemente”?

MM La lectura de Kafka deja (o al menos a mí me pasó) una marca en quien se le acerca, es como una picadura. A mí me dejó una marca muy profunda. Lo mismo sucede cuando lees a Rulfo o a Dante: cuando lees sus obras dejas de ser el mismo.

CS Las palabras recurrentes en su obra son fantasma y secreto –las que yo he ubicado, podrá haber muchas otras-, también clausura y final. La sociología nos dice que el secreto no equivale al silencio, entendido éste como un vacío, es decir, algo que no se nota y no ocasiona efectos por estar encubierto o apartado. Para teóricos como Simmel, Goffman, Foucault y el mismo Umberto Eco que conciben al secreto como una forma activa de la vida, que estructura relaciones, las impulsa, condiciona o anula. La cultura cristiana y el pecado, la penitencia y la confesión. ¿Qué atracción ejercen estos temas en su narrativa?

MM Me gusta recordar aquella hermosa frase de Milorad Pavic: "el secreto es más antiguo que la verdad". Creo que todos tenemos derecho al secreto. Ese es el enigma del individuo. Aún en la confesión mentimos, incluso con el psicoanalista, sin saberlo, al contar nuestros sueños, les estamos dando una vuelta. Los secretos, pequeños o grandes, fútiles o gravísimos, conforman nuestra vida. El proyecto de un ser transparente, propio del cristianismo (más simple) es imposible. La transparencia no es lo propio del individuo y ahí reside su singularidad. Qué aburrido un universo sin secreto. Ya lo dijo el Zohar: "el mundo sólo existe por el secreto".


CS Y la develación del secreto como liberación, ¿existe?


CS Somos mentirosos por nacimiento o las estructuras sociológicas nos alientan a la mentira?


MM Somos proclives a la mentira. Las reglas sociales nos obligan a ello.


CS ¿Quiénes son más, los engañados o los mentirosos?

MM Los engañados, por supuesto, pero sólo porque los mentirosos no saben que los engañan.


CS Si el mentiroso no sabe que engaña, ¿quién define la mentira?


CS ¿El secreto amplía la vida o las ilusiones?

MM Amplía la vida hacia múltiples dimensiones, enriquece las ilusiones, me atrevería a decir que las mantiene vivas.


CS Hace unas semanas, una amiga española nos comentó de su decepción al estar frente al GUERNICA. ¿Existe alguna obra que después de verla causara en usted una decepción?

MM No, al contrario. Cuando vi "Las meninas" en el Prado no podía dejar de ver el cuadro, lo mismo con los cuadros de Vermeer en el Rijksmuseum de Amsterdam. Quizá me decepcionó la Mona Lisa, más por el aparato de seguridad montado en su entorno que la obra en sí. Pero aproximarme a los originales, sea un Modigliani o un Tamayo siempre es una experiencia fundamental para mí.

CS “Si el lenguaje es la casa del ser, como afirma Martin Heidegger, entonces los epitafios, las esquelas, las necrologías, son una manera de seguir existiendo” escribió usted referente a una reseña literaria. ¿Ha pensado que diría su epitafio?

MM La verdad no lo he pensado. No creo que deje ni lápida ni epitafio alguno. Las tumbas son tristes. Pero pienso en este poema del poeta persa Omar Khayam traducido por José Emilio Pacheco:

"Yo, por mi voluntad, nunca hubiera venido
Y si me consultaran no me iría
En este mundo en ruinas sería mejor
No haber sido, no ser, no irse jamás."


CS Haré algunas preguntas cortas según algunos de sus personajes, temáticas o gustos y usted su definición.


¿El milagro es una utopía?   El milagro es un hallazgo

¿Las chicas vuelan? Sólo algunas, las más afortunadas

¿Los muertos son hermosos? Sólo los de los recuerdos

¿Caen ángeles del cielo? No. Ellos deciden venir por cuenta propia.

Invente una frase en Guíglico…  Astrotrufas en la medulante profanía

Si fuera a definir su estilo narrativo con una canción, ¿cuál sería?  Tomorrow never knows (Beatles)

¿John Coltrane o Miles Davis? Billie Holliday

¿Shostakovich o Schedrín?  Shostakovich, el de los 24 preludios y fugas para piano y el del quinteto para piano.

¿Termina algún día la búsqueda por el asombro? Ese día te mueres

¿Formular una buena pregunta suele ser más importante que contestarla? Todo el tiempo


Escritor invitado:
Miguel Lupián, ficcionista de lo extraño y director de Penumbria, revista fantástica para leer en el ocaso, le pregunta:  Mauricio, al ser un autor que ha demostrado (por mucho) que lo fantástico no está peleado con la calidad literaria, ¿qué le aconsejarías a los jóvenes autores apasionados por este tema; cómo prepararse, cómo hacerse camino ante una industria editorial que (en la mayoría de los casos) no valora a los “sub-géneros”?


Lo fundamental es el trabajo. Ser fiel a las propias obsesiones. Buscar la precisión en lo que se quiere expresar. La literatura fantástica no es un devaneo, es un buceo profundo que requiere rigor. No sólo hay que leer literatura fantástica, hay que impregnarse de la tradición literaria. Leer continuamente. Lograr que tu trabajo te deje lo suficientemente satisfecho para mostrarlo a los otros. Alejarse de los lugares comunes y los clichés. Si tu trabajo alcanza la calidad suficiente alguna editorial va a abrir la puerta porque hay un grupo muy nutrido de lectores de literatura fantástica, de terror, de ciencia ficción, de policial. Ahí están. Cada vez más se abren las puertas de editoriales para incorporar los llamados subgéneros. Pero lo más importante es afinar las herramientas de trabajo, las palabras. Cuando un libro está bien escrito en algún lado va a encontrar su nicho. Yo desarrollé mi trabajo desde los años noventa y lo que imperaba (no siempre) era el realismo, como hoy imperan otros temas. Hay que aprender a romper el hielo. Y también recomiendo mucha mucha paciencia. No todos los lectores, no todos los jurados, no todas las editoriales te van a abrir las puertas o van a recomendar o reconocer tu trabajo. Por eso es importante la fidelidad a tus fantasmas, a tus obsesiones. De ahí nace la literatura.


Mauricio Molina, Enciclopedia de la literatura en México. Detalle del autor: Nació en la ciudad de México el 11 de abril de 1959. Narrador y ensayista. Realizó estudios de lengua y literaturas hispánicas en la FFyL de la UNAM. Ha sido profesor de cursos y talleres en la UIA y la Universidad del Claustro de Sor Juana; jefe del Departamento de Voz Viva en la UNAM; jefe de redacción de la Revista de la Universidad Nacional Autónoma de México. Colaborador de Biblioteca de México, El Ángel, El Nacional, El Sol de México, La Cultura en México, Letras Libres, Luna Córnea, Sábado, Siempre!, y Vuelta. Becario del CONACULTA, 1990. Miembro del SNCA desde 2004. Premio Punto de Partida de Poesía 1982. Premio Nacional de Novela José Rubén Romero 1991 por Zona vedada (publicada como Tiempo lunar). Premio Nacional de Cuento San Luis Potosí 2000 por Fábula rasa. Premio Nacional de Ensayo Abigael Bohórquez 2003 por Último siglo. Pasajeros de la Literatura del siglo XX.

Su libro más reciente es La puerta final, Cuadrivio Ediciones, 1ra edición, 2014. Actualmente imparte el taller La eternidad de lo efímero en Skribalia, Escuela Global de Escritores en Línea.

Entrevista Oficial en: La libreta de Irma