domingo, 25 de junio de 2017

Larga vida al Rey del Pop

Octavo aniversario luctuoso


La chamarra de Thriller

Su frágil apariencia, timidez mustia, largos y lacios cabellos negro brillante que armonizaban con una piel lechosa –extrañamente blanca, debido a un problema de vitíligo-, sus dotes dancísticas que le justificaron laureada trayectoria como bailarín, además de compositor, con voz de castrati. Para los que crecimos en la década de los 80s Michael Jackson fue el Dios del Pop. Insuperable, insustituible.

     Nunca olvidaré la escena cuando a los nueve años, cansada y sedienta, cruzamos el puente de la Lerdo, mamá y yo, de regreso de El Paso, Texas. Anochecía, a las horas en que, desde el puente internacional se atisban ambas fronteras pobladas por diminutas luces intermitentes. Marco nocturno dividido entre “buenos” y “malos”, “privilegiados” y “marginales”. Viento frío de otoño que arrecia a 20 metros de altura. Caminé muy junto a la malla ciclónica para ver si el río iba crecido y, de paso, leer los grafitis que la gente deja como protesta por no tener papeles, por cargar con la frustración de no ser como los pájaros y volar sin documentos. Siempre imaginé que la gente que los escribía eran los pandilleros o cholos que vivían a la vuelta de mi casa, quienes se identificaban los unos a los otros interpelándose: ¿Qué barrio, ese? De cuando en cuando abría la bolsa de plástico como para ver si mis compras seguían allí. Iba feliz porque cargaba la chamarra de vinil, roja y negro con diseño de V chica y hombros alados -igualita a la que usó Michael Jackson en Thriller- ¡cuánto la deseaba! ¿Quién no recuerda aquel video de trece minutos, considerado como el emblema número 1 de los 80s?


Paseo de las luces, El Paso, Texas

     Conseguirla no fue sencillo. Agarramos camino muy temprano para ir de compras al otro lado. Los fronterizos tenemos que vestir zapatos cómodos, pues habrá que caminar bastante, recorrer todas las tiendas departamentales posibles y cada uno de los locales -regentados en su mayoría por chinos- que reciben a los turistas, en el Paseo de las Luces, extasiados por el poder de adquisición ¡Qué tiempos aquellos! La vida era una nota musical y estar cerca de los Estados Unidos facilitó el acceso a lo más in de la temporada. 15 dólares y la paciencia de mi entrañable madre hicieron posible mi Jackson`s jacket.

     En el primer lustro de la década de los 80s, los personajes del Jet set en revistas como Bazaar, Cosmopolitan, Vogue o Vanidades mostraban el lado extravagante del medio artístico mundial al darse cita en una de las discotecas más afamadas, Studio 54

La ciencia, tecnología, política e industria musical daban la bienvenida a una nueva Era. La nave Pioneer 10 (iniciativa de Carl Sagan) fue lanzada al espacio con el objetivo de explorar los planetas gigantes: júpiter y saturno. Es famosa, además, por contener una placa hecha de aluminio anodizado en oro, que portaba un saludo interestelar dirigido a una inteligencia extraterrestre en la que se da conocimiento de nosotros, la raza humana, y los avances civilizatorios “en junio del 83 se convirtió en el primer objeto fabricado por el ser humano que atravesó la órbita de Neptuno”. 


Carl Sagan 
     La compañía IBM introducía la computadora personal, gracias a ello se materializó la Realidad virtual. El séptimo arte hacía lo propio, WarGames o Juegos de guerra una película ambientada en los últimos años de la guerra fría, inauguraba ese mundo hibrido de ficción y juegos de video donde un joven jaker, Matthew Broderick, se infiltra en sistemas ajenos. El asesinato de John Lennon perturbó mi estancia en la escuela. Ese día fue distinto, fue como llevar una nube gris sobre mi cabeza y la certeza de que nadie viviríamos para siempre se convirtió en eso, certeza. Por mucho tiempo imaginé que emergía transparente, entretanto, la manija sobre el disco de vinilo (just like) Starting over reproducía su existencia hasta el infinito. En México, Miguel de la Madrid se convertía en el presidente que estaría al frente de una deuda externa de alrededor de 87, 000 millones de dólares. Heredando así, la peor crisis mexicana que dejara su antecesor, José López Portillo –el que lloró lágrimas de cocodrilo a lo que no pudo defender como perro-. El incendio de la cineteca en el 82 y el terremoto del 85. Suficientes tragedias escuchadas en apasionadas conversaciones familiares. 




     Fue la publicidad de la década la que rompía la monotonía de una programación televisiva escasa para el público juvenil, década de recesión y ajuste económico. Edoardos California, marca de ropa casual al alcance de todos, contoneaba sus coloridos jeans de talle alto y terciopelo al ritmo de Californiaaaa, where the sun is warm, where the winds from Santa Ana make you feel like you belong, Californiaaaa inmortalizada por la cantante Debby Boone. XETÙ, Alegrías de Medio Día y el aburrimiento perpetuo de Siempre en Domingo. El mundo de los adultos, fuertemente convulsionado por la crisis económica, creó un tipo de inestabilidad al interior de la célula familiar. Pero fue en el barrio, en la calle donde los jóvenes encontraríamos el remanso de paz y de libertad que nos permitiría sobrevivir. Para la mayoría de los que conformamos la llamada Generación X, fue la música lo que definió en gran medida nuestras personalidades. Las competencias de Break dance a la hora del recreo continuarían en los barrios para dar revancha o desempate. El que se la discutía para bailar, fuera hombre o mujer, tenía un trato especial. El barrio en el que crecí, zona habitacional clasemediera en el norte de México, parecía estar poblada de puros jóvenes (las personas mayores tomaron el rol de personajes incidentales en mi memoria, apenas logro engarzarlos en alguna escena anecdótica), chavos que pasaban la mayor parte del tiempo en las esquinas, tomaban los carros chatarra como refugio para beber o fumar, y causaban que las chavas santurronas no quisieran pasar por ahí, sobre todo, al oscurecer. Yo sabía a qué hora llegaban y a qué hora se iban. Muchas fueron las ocasiones en que sus conversaciones y algarabías caían en largas pausas. Intrigada, me asomaba por la ventana del segundo piso desde mi habitación y los miraba sentados en el borde de la banqueta o a la orilla de algún auto, escuchando la música… en silencio… callados:

Lunatic Fringe

We all know you're out there

Can you feel the resistance

Can you feel the...thunder

     Los fines de semana se paseaban por el barrio acompañados de otros chicos, por lo regular extranjeros, quienes cruzaban la frontera para visitar a sus familiares del lado mexicano. Chavos con pinta de galanes que se percibían a metros de distancia por su buena vestimenta, seguridad y embriagador aroma a Drakkar Noir. Los batos que las chavas más grandes deseaban como esposos para que les arreglaran la ciudadanía norteamericana y se las llevaran lejos. Sin embargo, nuestro despertar a la sexualidad fue con reservas. El virus de inmunodeficiencia humana y el Síndrome de inmunodeficiencia adquirida, VIH/SIDA causó incertidumbre. La gente estaba confundida, no entendía cómo se contraía. Por muchos años se creyó que podía contagiarse con un beso, a través de cualquier fluido corporal, no solamente por la sangre. Fue así que el sexo nos volvió fresas.

     Mientras escribo escucho a The go go`s con su pegadiza canción Our lips are sealed. Pero mis labios permanecerán abiertos para comunicar lo que Michael significó en mis recuerdos de infancia.

                                                                   




     Michael Joseph Jackson, nació en Gary, Indiana, Estados Unidos, el 29 de agosto de 1958. (Encontrarle similitudes conmigo me hacía sentir especial: signo virgo y el número ocho, pero de once hermanos). Hizo su debut musical en The Jackson Five a los diez. Su lanzamiento como solista fue con el álbum Got to be there en 1972 cuando tenía trece. Siete meses después, lanza su segundo álbum Ben, pieza que perteneció a la banda sonora de la película Ben, la rata asesina y con la que alcanzó su primer éxito en solitario. Sus aportaciones no se limitaron al mundo musical sino que se volvió un ícono en cuanto a referencia de moda y como estrategia de marketing. El artista más completo de la escena musical de todos los tiempos. Recuerdo a mis hermanos mayores haciendo el paso de baile en el que parecía casi no tocar el suelo, deslizándose como en patines -así decíamos- pero hacia atrás, el Moonwalk.

     Crecimos rápidamente, aunque, es un decir. Estoy convencida de que nuestra generación X se resiste a aceptar la decrepites que produce el paso del tiempo, el deterioro sin dignidad (escuchen esto Millennials: llevamos una luz en el corazón a la cual decretamos: Por siempre joven, por siempre. Que nada nos turbe, que nada nos espante. Ni chavos ni rucos: es-ti-lo). Conforme se ampliaba el escenario de los nuevos ídolos de la música pop y el llamado rock en español, también yo abría paso a la adolescencia. El pasatiempo de los fines de semana era descubrir las novedades en tiendas de discos. Sí, esos hermosos discos negros que hoy cuelgan en las paredes de los negocios Vintage, el objeto más accesible de coleccionistas; hurgar en las mesas de accesorios y ropa en remate (los libros merecen otro apartado, por haberme orillado a cometer un acto transgresor). Entre semana nos íbamos de zorra, de pinta o nos hacíamos la rata para visitar los videojuegos o maquinitas. Nos poníamos chicos contra chicas a jugar futbolitos. Las grabadoras al hombro, colores neón y copetes punk a punta de Aqua Net y secadora, mientras más parados y altos, mejor.

     A la distancia, no me toma ningún esfuerzo reconocer cuándo se rompió la magia frente a la vida. Fueron muchas cosas. La muerte de la abuela y el caos que dejó a la familia con su pérdida. Pasar a la preparatoria, dejar de ver a los amigos, hacer la búsqueda de mi vocación; la industria musical del Pop que emergió con la década, perecía. En el panorama se intuía la enajenación. La conmoción noticiosa y la icónica imagen donde civiles tiran a martillazos el muro. Así cambia la vida y así cambiamos nosotros, corría 1989.

     Prefiero recordar al Rey del Pop con mis ojos de niña, cuando le hubiera comprado su amor incondicional por los niños, así, sin especulaciones. Recordarlo sin tanta estúpida cirugía, sin tantas idioteces que cometió en contra de sí mismo. Quiero recordarlo como se merece: pletórico de talento, de luz e inspiración. Gracias por hacernos sentir cool. Por él y por todos aquéllos que conforman la amalgama de nuestros recuerdos, de nuestra piel y huesos. Vaya una oda a su paso por el planeta Tierra.

Ab imo pectore.




Datos

Michael Bush y Dennis Tompkins se encargaron de crear el vestuario de Jackson durante 25 años. La labor de Bush y Tompkins era básicamente pensar en trajes que le restaran rigidez al cuerpo y permitieran demostrar las excelentes habilidades de bailarín. “Él quería que la ropa bailara a su ritmo”.

Mark Laurent diseñó la chaqueta que Michael usó en el video musical Beat it. Fue inspirada en los trajes que los submarinistas usan para nadar con tiburones. Jackson y Laurent usaron malla metálica sobre los hombros y el uso de múltiples zipers para darle un estilo callejero.

Mientras que la de Thriller fue diseñada por Deborah Landis, la esposa del director de Thriller, John Landis. Dicha chaqueta fue subastada en 2011 por 1.8 millones de dólares. Dinero que se invertirá para recaudar fondos para hospitales infantiles en el mundo.

Michael Jackson fue el primer cantante negro que emitió la MTV con su video Billy Jean. A éste le siguió Beat it. Con Thriller ¡MTV colapsó! En el video se invirtieron medio millón de dólares. Convirtiéndose en el video más caro y largo de la historia con 13:43 minutos versión original. Superado en costos de producción por Scream en el 2005.







Michael Jackson 1958-2009 

miércoles, 14 de junio de 2017

Circe



Obra de modo que merezcas a tu propio juicio y a juicio de los demás la eternidad,
que te hagas insustituible, que no merezcas morir.
Miguel de Unamuno

No fue algo que buscara provocar. Presentí al aproximarme que la velada no terminaría de manera amistosa. ¿Amistosa? Me refiero al hecho de sobrellevar relaciones cordiales, nada más. Me gusta prescindir de la espantosa necesidad de compañía. Mi condición no es esa. Desprecio a los que actúan como monos en escaparate, tan necesitados de halagos, de contar con un círculo social en el que despliegan sus mezquinas ambiciones. Me incomoda hacer acto de presencia en un sitio como este. Lo podría jurar, las confrontaciones me afectan, me afectan demasiado. Cuando presiento que una confrontación está cerca o pudiera ser yo la causa de malestar en alguien, los dedos de mis manos comienzan a temblar, entumecerse y mi estómago parece hundirse en un vacío.

Lo sé, la punta de lanza que han utilizado en mi contra desde el inicio de los tiempos ha sido, entre otras cosas, a mis amantes. Sí, he tenido muchos, muchos han sido los hombres que me han amado y a los que he correspondido con igual entrega y fidelidad. Cada uno de ellos me ha dejado una mascota como símbolo de su perecedera estancia. Algunas ofensas y traiciones fueron compensadas por la invaluable compañía de mis animales. No hay imagen más piadosa que un animal agradecido lamiendo mi mano, recostado sobre el regazo, frente al fuego de un crudo invierno.

En la historia de la humanidad, podría asegurarlo, el amor es como un objeto de arte inacabado, valioso sí, pero siempre a medias, siempre incompleto. Un camino de brasas, cama de vidrios, andar sobre clavos. Gozo y angustia.

Recuerdo las conversaciones que sostuve con Jesús, en un tiempo en que padecía mal de amores. Sí, ser confidente ha sido una de mis virtudes. Dolientes varones lastimados por flechas de ingratas amazonas. He sido el bálsamo del guerrero, la amiga-cómplice, y ellos, agradecidos amantes. Él me preguntó cómo podía saber si ella en realidad lo amaba, a pesar de la diferencia de edad entre ambos. Según su parecer, la mujer enamorada es inconfundible, muestra la conducta de amor, entrega y pasión como una respuesta natural, carente de hipocresía frente al objeto de sus afectos; sometiéndose indefensa cuando en realidad sabe amar. ―Tú lo has dicho ―respondí― lo que alguien hace cuando en realidad sabe amar, y me parece una sentencia idealista. ¿Amar? ¿Qué es amar? ¿Embarcarte en el porvenir con los ojos cerrados? Con una mujer más vieja ¿qué tan vieja? Una mujer más joven ¿qué tan joven? No es cuestión de edades. La edad es una circunstancia por la que transita la experiencia, y la experiencia es como el cochambre en las ollas: debes tallar y tallar hasta dejar impecable. Hay experiencias que estorban y otras que sirven de ejemplo. Resumo: el concepto del cual revistes al amor es la trampa. ¡No pierdas el tiempo analizando tus experiencias amorosas con mujeres más viejas o más jóvenes! No pierdas el tiempo contando el remanente de fugaces encuentros ¡Clitemnestra, Melantea, a la misma Penélope! Sucumbe al canto de las sirenas. Todo hombre embelese con distintas liras. Toda mujer es sombra que desaparece a la mirada errante del abrazo sofocante, ante la mengua de su libertad e independencia, entre la carne y el espíritu.

¿Es posible aprender a amar? ―Insistió. Sigue alimentando ilusiones. Lloramos por nosotros mismos, por lo que fue, por lo que pudo ser. Miedo, abandono y distorsionados augurios que, intuimos, vendrán tras su partida. Detrás de cada despedida está el espectro de la incertidumbre; de volver a empezar, demasiado tarde demasiado viejos…

Circe humedece sus labios rojo burdeos, saca la polvera plateada del pequeño bolso de mano con incrustaciones de zafiros y rubíes. Acicala su cabello mientras eleva la mirada sobre la coronilla donde ha levantado sus magníficas trenzas en una especie de crochet al estilo de una diosa griega; onduladas mechas sueltas surcan el hermoso óvalo de su rostro, cejas espesas y facciones fuertes, rasgos bien definidos. Desde su auto, mira hacía la puerta de entrada y ve llegar a las parejas aferradas del abrazo del acompañante. Valor, valor es lo que le falta para terminar de una vez por todas con la angustia, con la incomodidad de tener que ser amable con quienes, reconoce, la desprecian. La que no la acusa de ambiciosa, hipócrita y come hombres, la define como bruja negra, peligrosa y de dudosa re-pu-ta-ción. El resto se ha dejado influir por los comentarios mordaces que han propagado sobre ella. El efecto halo es infalible ¡Y qué importa! No lastima la falta de autenticidad ni descubrir, en las demás, la falsa posición de arrogarse defensoras de los derechos de las mujeres, a la vez que imponen sobre las otras sus conceptos y prejuicios.

Observar detrás de las apariencias, indagar miradas y descubrir intenciones ocultas. La magia de la naturaleza a su servicio fue el don otorgado a Circe desde antes de su nacimiento: Júpiter, entraría al signo de virgo -signo de la palabra y la perfección-. Saturno, el gran maléfico, el gran maestro, entraría a los terrenos de sagitario; signo de dioses y filósofos. La luna nueva o novilunio haría lo propio en el signo protector de leo, los hijos de helios. Su sol personal iluminaría la octava casa de la rueda zodiacal, otorgándole así, la revelación de la muerte y las transformaciones profundas e inconscientes. La buena fortuna le correspondía, nadie podría arrebatársela.

Ellos no han entendido que forman parte de la utilería ―reflexionó Circe. Transfieren a sí mismos la proyección de su valía por simple y llana asociación. Creen que de esa manera se vuelven virtuosos también ante los ojos de la sociedad donde la forma es fondo, sólo apariencia, donde tarde que temprano serán desechados por viejos e inútiles. Reaccionan a la imagen, a la reputación que representa la figura frente a ellos, condicionados a los estímulos de aceptación y de rechazo. Sus consciencias en eterno letargo. Fluyen en una existencia superficial y egoísta en la que el lema general dice si no es conmigo, no es en mi contra. Shhhhh ellos ven, oyen y callan. La mayoría no conseguirá rasgar el velo de la ignorancia, rozar la obsesión y la tortura, casi morbosa, que conduce la existencia hacía una vigilia precisa y pausada, como el pulso de un relojero: con sus horas, minutos y segundos tras perseguir, indagar, acechar. Así olfateo lo sórdido, ato cabos y desenredo nudos. Es normal que personas como yo se dejen perturbar por cosas, situaciones o gente que en los demás no ocasionan tanta inquietud. Puedo medir el potencial de maldad y bondad como con un barómetro. Reconocer la rispidez de sus zonas emocionales es tender un puente hacia el otro, penetrar en sus espacios, observarlo como el ave de rapiña a su presa. En algunos casos es distinto, areté es un privilegio de pocos. De esos pocos que no aceptan que su nombre se utilice para sacar ventaja sin haber esperado turno en la larga fila de los obreros, de los marginales, de los pescadores de sueños en la gran depresión.

Circe arriba a la velada, amenizada por un trío de músicos colocados de forma estratégica a mitad del jardín. Cada uno con un instrumento de cuerdas: violín, lira y el cello. A las miradas suspicaces las siente como dardos por todo su cuerpo. Las miradas de deseo y lujuria de los hombres que esbozan de reojo para no delatarse frente a sus esposas. Discretamente toma la mesa detrás de una jardinera perfumada cubierta de madreselva. Espera y observa. Las serpientes llegan una tras otra, debió suponer que estarían invitadas. Mujeres, esposas, madres solteras; algunas caza fortunas orgullosas de portar el diamante o ¿zirconia? en el dedo anular. Identificó entre ellas, a una vieja compañera, Nadia.

Nadia se casó y tuvo hijos después de los treinta y cinco años ―justo a la edad del arrepentimiento casi tardío―. Un tipo me comentó del tiempo que habían pasado juntos, hace más de una década, antes de estar ambos, ahora, con sus respectivas parejas Tuve que correr por mi vida, me aseguró el muy cobarde. Ella es independiente y locuaz, con un tipo de optimismo superficial de dama boba. Prefiere ocultar sus tristezas por las conveniencias sociales que esa actitud le reditúa. No creo en su imagen confiada y bondadosa. Es una dama de sociedad rimbombante. Con ella no se debe perder el tiempo tratando de hablar temas serios y trascendentes. ¿Qué clase de mujer es esa que se resiste a mostrarse real ante las otras, que se resiste a aceptar su vulnerabilidad? No es ingenua, juega al síndrome de Peter Pan: joven por siempre. La madurez y la caída le causan pánico.

Hay cosas que nunca cambian, hábitos, manías, costumbres que se tienen porque sí. La adolecente que te molestaba en secundaria, que sentía celos de ti, es ahora madre de tres. Una mujer cuarentona, flacucha y sin gracia ¡pero con bastante veneno que desperdiga sin ton ni son por el lugar donde se encuentre! Los niños del vecindario le llaman “zorra”. No es culpa de los chiquillos; con toda seguridad lo han escuchado en boca de los adultos. Se divorció y regresó a casa de sus padres. Eso me recuerda la sabiduría popular en una frase: se va una y regresan dos. La encuentro algunas veces cuando voy de compras, deteniéndose a platicar con las amistades que salen a su paso. Es el vivo retrato de su época de adolecente. Hay cosas que nunca cambian. Ahí estaba Elizabeth. Pasamos la velada rehuyéndonos, fingiendo no mirarnos, ni siquiera conocernos. Conducta normal entre mujeres, sobre todo si comparten algún pasado en común. Como ella y yo, que en nuestra época de secundaria se sintió la protectora de los novios de sus amigas, y me reclamaba el hecho de que ellos quisieran pasar el receso conmigo. Ingenua Elizabeth, pobre Elizabeth. En el fondo siento pena por ella. Debe ser terrible no sanar a su niña interior. El fracaso sentimental ha sido constante en su vida. Imagino las promesas que los hombres le debieron de haber hecho, cada uno en su momento. Cada nuevo amor provoca una alegría secreta. Secreta porque silenciosamente se termina por agradecer que la pareja anterior se haya ido. Ese nuevo amor, el amante en turno, el prospecto, le otorga al presente un renacimiento. Cada amor deja algo cuando se marcha. Los mejores dejan bienes materiales, otros el prestigio de un apellido, relaciones y contactos. En ella, en cambio, sólo dejaron hijos. Puedo ver en sus movimientos nerviosos que sabe que la observo. Se pasa la mano derecha por el cabello y mueve los pies en un raro bailecillo, descansando su balance en un pie para segundos después hacer lo mismo con el contrario. La observo, y se transfigura en aquella adolecente flacucha de cabellos relamidos pegados a los lados de sus delgadas mejillas, y sus ojos azules, siguen mirando asustados… del árbol caído no se hace leña.

Los invitados continúan llegando, oh, las Oronoz, el matrimonio Díaz Ponce de León y otros que no conozco, sin embargo, sí he escuchado hablar de ellos. Mientras espero bebo un Martini. El gato de los anfitriones baja de la copa del árbol y salta sobre mi mesa. Le ofrezco la aceituna y la come gustoso.

―Hola, Circe, ¿cómo has estado? Qué sorpresa encontrarte aquí ¿viniste sola o con víctima nueva?

Esa voz, por demás conocida, es de Julieta, quien me sustrae de la incipiente amistad entre el gato y yo. Ella realiza su doctorado en filosofía, y prepara un ensayo sobre su teoría personal del amor a través del género epistolar. Detesta las fotos familiares, las muestras afectivas, los besos apasionados, la fidelidad y la sonrisa simulada ―para ella todo es simulación― y demás cursilería que se pregona en nombre del amor. ¡Qué ironía! Siempre sentí vergüenza de mostrar mi sonrisa por la apariencia que causan mis caninos superiores, pero ella se ha alterado algunas piezas dentales, tan de moda entre la juventud nipona, ―¡Sonrisa de vampira! ―exclamé al verla y la abrazo. Cabellos plateados y mechas rosas. Mujer subversiva e intelectual: el amor es un interés de afinidades electivas, ―ha sostenido― como su obra predilecta.

Los invitados nos ponemos de pie. Los anfitriones descienden escalera al cielo, arreglada para la ocasión. El novio toma del brazo a la novia, ella alza el ruedo de su vestido serpenteando las llamas de las velas.

Publicación en Nocturnario, revista de creación literaria.