MUSA 69
Para la Musa, siempre . . . y para Consuelo Saenz, una mujer de peligro Se lo quedó viendo por largo rato ---si bien para las musas el tiempo es eterno, para la muerte lo es más--- y recordó vagamente el breve relato que el poeta le contara de un hombre que iba por la calle y se encontró una flor amarilla y se echó al piso y la cuidó, le cantó una canción, la regó y la cubrió con sus manos quedándose dormido junto a ella; y entonces la flor lo vio desde lo alto allí abajo acostado, tiernamente dormido, como desvalido, y suspirando la flor se dijo a sus adentros: «es como una flor...», y Erato suspiró también y masculló apenas: «Ah, Cortázar...» El poeta permaneció allí en la misma postura de cuando partió la visitante a cargarse a un tal Beltrones y se lo dejara encargado a Erato. Respiraba en forma cortada, como negándose el aire de los demás y queriendo rechazarlo como un acto irónico ante esa cosa llamada vida y la cual hacía un buen rato ya no quería y se daba a la tarea ...