miércoles, 22 de febrero de 2017

El largo bostezo de Valeria

Hace unas semanas tomé la decisión de ir despejando de mi camino la búsqueda de noticias de todo tipo, una especie de retiro voluntario para enfocarme en mi proyecto literario y vida familiar, o deberé decir (por aquellos suspicaces del análisis del discurso): para enfocarme en mi vida familiar y proyecto literario. Que eskaltear es una pérdida de tiempo, un mal hábito,  digno de personas que no tienen vida propia; se hace en secreto y es mejor que nadie, nunca jamás,  se entere. Vergonzoso. Bueno, confieso que lo hice de nuevo, sólo para confirmar dos cosas: algunas personas son aburridas y otras, pendejas. Estando en una de ésas, encontré en el muro de un varón cotinchón* el artículo Nuevo feminismo, publicado el 12 de febrero en El País. Columna a cargo de una de las escritoras más sobresalientes de la literatura contemporánea en América latina, Valeria Luiselli. El varón cotinchón, acompañó la publicación con una invitación a sus amigos para mofarse de lo escrito por Luiselli, argumentando que aportaba muy poco al feminismo. 

Leí el artículo horas antes de que la autora lo modificara, afortunadamente, por eso es que pude rescatar la frase que hizo empatía con mi forma de pensar: El feminismo actual, simplón y reaccionario, me produce largos bostezos. 

¿Fuerte? ¿Ofensivo? ¿Infame? ¿Canalla? No, simplemente honesto. No dijo nada que no hayamos pensado alguna vez una que otra oveja descarriada del santo rebaño del género femenino. Horas después me di cuenta de que el artículo había sido modificado a petición de la autora. Desde mi cuenta de Twitter le pregunté:



    
Ella respondió: 


Lo demás es historia. Luiselli modificó la línea original por esta: Haber tenido que rebobinar al feminismo de la era Sputnik, me produce largos bostezos.  Eso sí fue lastimoso, sucumbir a la presión del mea culpa acosada por feministas incómodas. 

El terrorismo feminista no existe, pero sí existe el acoso por parte de feministas. En este momento recuerdo lo que ocurrió durante la marcha Terrorismo machista en Madrid, hace dos años. En el que  un grupo de mujeres fueron agredidas porque llevaban  pancartas de "Ni machismo ni feminismo" o "La violencia no tiene género" por promocionar una ideología distinta a las de las organizadoras del evento. 



También recordarán la marcha contra Las violencias machistas,  cuando un grupo de mujeres, al grito de guerra de Yo no soy Ayotzinapa hicieron pintas al antimonumento de los 43.


Las actitudes discriminatorias,  son, desde cualquier ángulo, una falta de ética. No leí en lo escrito por Luiselli ningún atisbo de discriminación. Lo de "salir a protestar con cartulinas" hasta ahora,  ni yo lo hago todavía. No justifico los argumentos que la acusan de clasista. Provengo de una familia de clase obrera, conozco la carestía y la violencia intrafamiliar. Mi lucha y trabajo conmigo misma ha sido de otro tipo, más orgánico, más de lecturas, terapias y de búsqueda espiritual. No tuve mentores que me impulsaran a tomar el activismo como una forma de vida, ni para bien ni para mal.  Considero que se debe de tener en cuenta que existe una gran diversidad de frentes y planteamientos feministas,  que de cierta manera es normal que haya desencuentros. Es una cuestión de prioridades lo que nos define en nuestras luchas y como seres humanos. 

He aceptado que hay feminismos  que no me interesan. Por ejemplo, las mujeres que no me ayudan a sobrellevar la vida con sus altibajos familiares, como ser hija, madre o compañera, no me aportan mas que inquietud y la rara sensación de que algo deberé de estar haciendo mal.  Ahí está  Lina Meruane, escritora chilena, que publicó en México un ensayo llamado Contra Los Hijos (Editorial Tumbona) "En él, critica a los discursos sociales que han puesto en el centro a los hijos y aumentado los requisitos para que una mujer sea considerada buena madre: parir sin anestesia, alargar la lactancia, hacer tareas con los niños. Una coartada, asegura, para llevarlas de vuelta a la casa". En la misma tesitura encontramos a Samantha Villar, periodista y presentadora de televisión  española.  Fue madre de mellizos tras un largo y costoso peregrinar entre óvulos fallidos y largos meses de intentos. Escribió un libro donde comparte su experiencia  Madre hay más que una (Editorial Planeta) para romper con los tabúes que existen alrededor de la maternidad. Tener hijos es perder calidad de vida, sentencia.  Aceptémoslo,  algunos movimientos feministas llegan a volverse opresores contra los y las que no piensan ni comparten la vida desde sus argumentos. Llegan a formar parte del problema no la solución. Me estimula e inspira, sobre todo, las mujeres que son madres incondicionales de sus vástagos, que poseen el don  de servicio admirable hacia los suyos que aquellas que no desean comprender y menosprecian mi posición como madre y esposa por considerarme abnegada y en el peor de los casos  idiota, incitándome al enfrentamiento y a la emancipación, ¿emancipación de qué? ¿Por procurar el bienestar de mis hijos y compañero?

Estas son batallas que no terminan y pregunto ¿Cuándo será válido  criticar al feminismo, sin ser linchado por ello ni para avergonzarse en secreto?, ¿Es deber de todo movimiento feminista, estar unido? No lo creo. Espero que Valeria Luiselli vuelva tras sus pasos y retome lo dicho, se arme de valor y establezca su postura, de lo contrario será un largo e inútil bostezo








*Cotinchón es una palabra regionalista, del norte de México,  con la que nos formamos la idea de una persona afecta a buscar cuidados y mimos. Chiqueado. En este caso, de un hombre que busca granjearse la amistad y aprobación de las mujeres apegándose  a sus ideas. 


Artículo de opinión para la revista literaria: La libreta de Irma    

viernes, 3 de febrero de 2017

SE PROVOCAN HERIDAS PROFUNDAS

Por José Gabriel Ríos


El sentido de responsabilidad es materia indispensable del hoy, en las vivencias cruentas que se vive en el mundo; podría decirse que es exacto cuando decimos que siempre hemos sido nosotros, quienes dependemos de otros en cuanto a la adquisición de enseñanzas construidas en el contexto del libre albedrío, pues es muy riesgoso fiarnos de los instintos; rogamos para que pueda llegar el momento en el que el ser humano se encuentre o se redescubra sin armas: debemos detenernos y confiar en la vida, recurriendo a la máxima evangélica, “si quien te hiriese en la mejilla, preséntale la otra”, cuya interpretación correcta es, si paramos de pelear, haremos posible que el “contrincante” no siga haciendo estragos.

En un estudio sobre el comportamiento de los animales, el fisiólogo y etólogo austriaco Konrad Lorenz advirtió en el camino que nos lleva a este texto, que el pavo no concibe la postura de la rendición, sino que por el contrario, pisotea y picotea sin parar al pavo que tiene enfrente; otro animal considerado manso y dulce, dice el Premio Nobel de Medicina 1973, es el corzo, una “bestia maligna” que con su cornamenta filosa acorrala a sus congéneres y los mata sin piedad.



Existe en el marco del reino animal un ave entrañable, el cuervo, que posee una psique elevada, aun cuando cuente con un pico poderoso que nunca usa y mucho menos para sacar ojos; es una analogía sencilla: la de una madre que usa un cuchillo para cortar vegetales, pero ante la presencia de su hija pequeña, sube el “arma”; lo mismo sucede con el perro o el lobo que en una pelea con otro de su especie, van venciendo, no muerden más y no porque no lo deseen, no pueden; de pronto se detienen con el hocico abierto cerca del cuello del vencido.

Como consecuencia de una segregación de los habitantes de la Tierra -un enorme zoológico-, las consecuencias de una “cautividad” rigurosa a través de los tiempos, se han creado dementes, imagen deformada de la primera condición del Ser; los hacinamientos de nuestros hermanos, sin alimentos y salud; los integrantes de la organización de los derechos humanos internacionales parece que nada extraño ven en este desarraigo, aunque en ocasiones emiten comunicados a los Estados en cuestión, amonestaciones imprecisas, papeleo membretado, llamadas de atención, haciendo caso omiso, desinterés, negligencia de la otredad ofendida.

Esos pececitos que compramos en la tienda de mascotas, con acuario, oxígeno e implementos, que suponemos nos dan tranquilidad por las tardes- noches, son lo contrario a lo que sublimamos, pues la existencia en el estanque hogareño de ese par de combatientes nos hacen recordar los gustos de las danzas rituales de siameses y melanesios -exotismo de una pasión irrefrenable; sus movimientos son auténticos en su larga existencia filogenética: lo que no se comprende es cómo semejante ritual el hombre lo transfiere, etiquetándolo como Histórico y de una forma falsamente especial concede los “frutos” de un antiquísimo ceremonial.

De vuelta a la guerra de los peces machos, podríamos hacer literatura “universal”, mencionando a los héroes homéricos o en su más bajo perfil a los sicarios o terroristas actuales, estimulados con lecturas equivocadas por destruir a los “contrarios”, aumentando la Masacre Mundial: el valor para matar carece de valentía, muy distante a la ejercida por la delicadeza de los guerreros malayos.

Queremos distinguir en este texto que el único ser vivo que no cuenta con armas en su cuerpo-mente, es el hombre; las fabrica, promoviendo así la caza de millones de congéneres. Volvemos al sentido de la responsabilidad, apoyándonos en ese dibujo del chacal enorme que forma parte de la obra del artista Otto Dix.

Epílogo de un cuaderno cuadriculado: fragmento de los hechos suscitados por el Neoliberalismo; de la misma forma consideramos la existencia de seres miserables, quienes todavía podrían recuperar sus valores por los que siguen vivos, con nuestra compasión. y si hicieran un esfuerzo en impedir amputaciones, en otra línea, liberarían a las liebres locas en el mes de marzo (proverbio inglés).

Aclaremos el caso de Otto Dix, pintor expresionista alemán, que en su cuadro del chacal en blanco y negro nos regresa a la prehistoria -paleolítico-, ante la existencia del siglo XX, en particular al nazismo, fascismo, estalinismo, dictaduras, intervenciones colonialistas en África y América y la vinculación de enormes empresas dedicadas a la delincuencia organizada en lo que llevamos del XXI: ahora mismo y con relación a dos animalitos vegetarianos-veganos, dos liebres rompiendo el concepto naturalista, peleando a muerte en el prado diseñado para ellos, golpeándose con fuerza desmedida con las patas traseras, chillando, gruñendo, maniobrando a una gran velocidad, borrando el mito del proverbio de que no es necesario que llegue marzo para que se vuelvan locas y se desgarren.

Consideremos al artista plástico, Dix, y al estudioso de la psique de los animales, Lorenz, quienes vivieron las dos guerras. En esos momentos tan álgidos, Lorenz se ocupó de las águilas, reales y otras: determinó que el ave de carroña es un animal manso, de vestidura espectacular cuando se convierte en adulto. Además, lo delinea como perezoso, pues sólo vuela -sin hacer esfuerzo muscular- cuando las condiciones del viento son favorables. Existen otros especímenes que ponen la carne de gallina: los cisnes cantores que les recortan la punta de sus alas para que en la migración no puedan emprender el vuelo.

Nuestro planeta ha sido vendido; nos dan el permiso de que seamos países protegidos, es decir, dependientes, causando la abulia, suicidio, orfandad. Nos venden nuevas fábulas de sociedades parecidas a las nuestras. Los medios de comunicación contribuyen para que no sigamos con nuestros proyectos de escritura, mucho más poderosas que los supuestos activistas o sociedades protectoras de animales. Lo que finalmente queremos decir es que las palomas no representan la paz; en la realidad se provocan heridas profundas, despiadadas. 




Datos del autor
José Gabriel Ríos Cortés (1948) Escritor y Periodista cultural de vasta trayectoria. Su libro más reciente es Un soplo de mar (Ensayos, UANL, 2016).




jueves, 2 de febrero de 2017

SALA DE REDACCIÓN

Por José Gabriel Ríos 


Escuchaba en la radio a un periodista de una publicación importante, vuelto un artista por su obra, habiendo comprendido las numerosas tipologías del oficio y envolviendo, a una cantidad numerosa de seguidores por su carisma iconoclasta, tal y como él mismo se define: el Tiempo se ve que lo ha favorecido, pues es fácil darse cuenta de los recursos que utiliza con conocimiento, por supuesto, pues las maravillas de la transmisión se anida en el misterio inherente de sus textos.

Ese ejercicio, entre líneas, que nos ofrece el periodismo, es la fidelidad del mensajero receptivo, inspirado y educado: ha pasado por el cerebro de quien enarbola con verdadero júbilo del vacío orientalista-occidental, sencillamente porque ha denostado a sus maestros, por esa obsesión de eludir el poder a costa de principios elementales que son las palabras y las cosas simples y bellas. 

El verdadero periodista es aquél que posee una visión psicológica, social, física e incluso, con muchísima intensidad, lectora, en el caso mencionado, sobre música. En cualquier parte del libro se escucha a Pitágoras o a Heráclito, que nos hace deslizarnos en un mar oscuro del arte oral: Anaxágoras, Jenófanes, o a esa figura seminal, Orfeo, que hasta el día de hoy, sigue siendo concepto y tradición.

Para un mejor entendimiento de lo que escribo, Empédocles y Pitágoras serían en su origen los entendidos en temas de cosmografía, matemáticas, comprensión de la música, literatura y filosofía. De lo anterior brotará sin duda un afluente de vocación auténtica, acceso a la carne viva, a lo mínimo del humano.

Recompensas, toques de gracia y de esperanza no comparables, es lo que ofrece el periodista, además de persuasión, idealismo, el constructo de una comunidad sobre la base de la comunicación de pasiones compartidas. Quien se dedica a esta maravillosa actividad, se dirige al intelecto, a la imaginación, a los nervios, a las entrañas de los lectores, a esa totalidad de mentes-cuerpos; el que escribe una nota, se adhiere a la aprehensión, al peligro y privilegio ilimitados.

En mi papel como periodista, siempre he pretendido provocar incertidumbre -devenir del autodidacta-, que es una confesión de ignorancia, en una convincente intuición de la ética, de la justicia para el prójimo y para conmigo mismo: asociación y contigüidad son los elementos indispensables para el artesano de la palabra, el que despierta de la amnesia a una multitud, provocándoles Memoria, si se quiere cierta metafísica, una interrelación de existencia temporal modificada.

Con infinita sencillez, el periodista nos dice cuál es la verdadera finalidad del mensaje o pensamiento; la educación del espíritu encaminada a tareas esotéricas, filosóficas, intelectuales, políticas, eternizan y humanizan al que redacta. Es una persona que se ha propuesto ser periodista y ya no tiene derecho a vivir como el resto de la gente; a veces lo hace en un invernadero o en un potro de tortura, inevitablemente genera un trastorno a la corrección política, con contenidos lúgubres, vacuos e histéricos, porque nunca ha olvidado cómo describir un fuego o un árbol, precisamente creando otro árbol y otro fuego.

Sin el periodismo enfocado a la cultura como un mundo, sería imposible éste, porque la comunicación es obligada e intrínseca. El diálogo entre Dios y nosotros ha sido caracterizado con una naturaleza amorosa, rebelde e inquisitiva, dirigida al estudio y exposición de multitud de destellos de la Creación Original.

Sala de Redacción del periodista Pablo Espinosa, Secretaría de Cultura, 2016, es un artefacto que contiene crónicas, ensayos, reportajes, reseñas, que van de lo ortodoxo a lo fundamentalista, de lo herético a lo antinómico. Se escucha la palmada de Charles Malamud, el mayor profesor de religiones comparadas. 


La Antigüedad de la Música que ha generado su iconografía en cuadros y grabados donde se desliza el carbón y una paleta de infinidad de colores, en las composiciones de las clases académicas, conservatorios y mesas de escritura o escritores -Balzac, Zola, Thomas Mann- y en las comedias de los aprendizajes corales, como en el Cellini de Berlioz y en Los maestros cantores de Wagner.



Datos del autor
José Gabriel Ríos Cortés (1948) Escritor y Periodista cultural de vasta trayectoria. Su libro más reciente es Un soplo de mar (Ensayos, UANL, 2016).

Elena y el volcán: el Centenario


miércoles, 1 de febrero de 2017

JOSÉ REVUELTAS. UNA LITERATURA DEL “LADO MORIDOR”


Por José Gabriel Ríos






Como siempre me sucede cuando entro a una librería, algunos textos se me vienen encima y en seguida me encamino a la caja a pagarlos. En este caso, se trata de un ensayo que leí hace más de treinta años, sólo que ahora se me cayó de las manos, porque le encontré una infinidad de supuestas notas, rizomas, trenzas, involuciones, pensamientos, memorias, nudos, turbulencias y arte.



Sucede así en José Revueltas. Una Literatura del “lado moridor” del escritor duranguense Evodio Escalante que a 35 años de su primera edición con un epílogo titulado “Los laberintos de la dialéctica en las novelas de José Revueltas” con un epígrafe de Emmanuel Levinas sobre Jean-Francois Lyotard -el mismo postmodernista que en su lecho muerte se arrodilló ante una imagen de san Agustín- en el que se anota que el uno significa el otro y es significado por él.


Escribe el Premio Iberoamericano de Poesía Ramón López Velarde (2009) y autor de Las metáforas de la crítica (1998), José Gorostiza: entre la redención y la catástrofe (2001) y Las sendas perdidas de Octavio Paz (2013) en el apéndice de esta edición de José Revueltas (Fondo de Cultura Económica, 2014) que sólo se puede comprender su obra si se atiende a las parrafadas políticas y filosóficas: Ensayo sobre un proletariado sin cabeza y Dialéctica de la conciencia.

“Espiral de la alienación” es como le llama Evodio Escalante a la novelística de Revueltas, en particular Los días terrenales y Los errores, sin dejar de mencionar al narrador que ha dejado de actuar con sus personajes en ese mundo grotesco, deformado, condenado por los siglos a vivir la Muerte de su ser histórico.

Para José Revueltas, según Escalante, el proceso de trabajo de un relato es conciencia creativa, argumentos en el que desempeñan un papel decisivo las reflexiones de la actividad artística en general, poniendo como ejemplo a uno de los personajes, Gregorio, que recuerda, al mismo tiempo que cumple una misión con los campesinos de Acayucan, viejas y sugerentes lecciones sobre el Greco.

Es un dato intrascendente que modifica la lectura de Los días terrenales, sublimando el alargamiento de rostros y cuerpos; por supuesto, de la misma manera el pensamiento en el que se asienta el sopor ausente de cualquier verdad.

Imposible -según la narración perceptiva de José Revueltas- escapar de la impureza que produce la alienación o vacío. En ese sentido lo único que se puede producir son montajes; Los errores “ha sido escrita porque el comunista que es Revueltas se encuentra de pronto al borde del abismo…la usurpación del nombre del socialismo por modernos Estados despóticos, que perpetúan las opresiones.

La “traducción” de la realidad de Los días terrenales y Los errores, cuyo sustrato, anota Evodio Escalante, es la miseria política sobre lo que se asienta.

Si se vuelve a releer el libro que atañe a esa reseña, sale a flote el ejercicio esquizoide del autor de Metafísica y delirio. El canto de un dios mineral de Jorge Cuesta (2011), desarmando la potencia revolucionaria de José Revueltas en un acto sorprendente, policiaco, creando un cerco de hierro, el mismo denunciado por Escalante a la crítica tradicional de los setenta. Quizá se haya vuelto un ser banal.

Se reconoce -lo sabe muy bien- en un escritor esteticista, “en un hueso duro de roer”; sin embargo cae en el fondo de la literatura de José Revueltas apelando a sus propios prejuicios y con vital esfuerzo al pensar en el suicida Gilles Deleuze.

Sabemos que Revueltas “desacreditó” al Partido Comunista Mexicano en su obra; de ahí la dificultad de lectura, por los larguísimos “ensayos” incrustados con calzador en El luto humano, Los muros de agua, Los días terrenales y Los errores.

Hablando de métodos señalados por José Revueltas, en su papel de crítico y maestro en filosofía, Evodio Escalante nos escupe el Luwig Feuerbach de Engels, siguiendo la línea marcada por el autor de Las cenizas, intercalando el “lado moridor” de la realidad, cosa que en palabras de Escalante causó hace muchos años disgustos, molestias en la clase pequeñoburguesa de la sociedad.

Ese movimiento interno propio de lo real, destacado por Revueltas, en el caso de esta nueva publicación, propiamente en el epílogo, desafortunadamente Evodio Escalante metaforiza, sublima, intenta agradar, culturiza la obra estudiada.

Queda fuera de manera intempestiva lo que escribió el doctor Escalante hace 35 años. Ahora se ha oxidado y cuando eso sucede, se recrea, representa, gusta del teatro de máscaras, del baile de disfraces con recitaciones de memoria.

Se ha olvidado de lo que en otros tiempos significaba su “autenticidad” de proletario, y la naturaleza de vampiro de Revueltas. Quedan solamente en el papel reciclado, las explosiones, opresiones, el hacer sufrir al lector desgastando su fuerza de trabajo sin recompensa alguna, de la bella prosa, del placer del lector. 

En el capítulo “El mundo de los flujos” Escalante nos receta un epígrafe, un texto de Deleuze y Guattari (El anti-Edipo. Capitalismo y esquizofrenia) que la verdad no se sabe si conecta con el proceso de construcción y deconstrucción de los personajes oclusivos y paranoides, “contrapunto de los relatos de Revueltas”.


Datos del autor
José Gabriel Ríos Cortés (1948) Escritor y Periodista cultural de vasta trayectoria. Su libro más reciente es Un soplo de mar (Ensayos, UANL, 2016).