sábado, 30 de julio de 2016

Mamshi, Cuatro estaciones de una vida, Rosa Krauze de Kolteniuk



Esta fue la novela ganadora, se podría decir, del Premio DEMAC 2003-2004 para mujeres que se atreven a contar su historia. Aunque su directora, Amparo Espinoza Rugarcía, decidió publicarla de manera independiente, porque se trata de las memorias de una mujer destacada, inmigrante y pionera en la comunidad filosófica nacional. 

Descubrí este libro cuando me invitaron a la plática “Cómo perderle el miedo a la escritura” en una de las sedes que tiene DEMAC en las distintas ciudades de la república, en el 2009. Recorría los estantes y me detuve en este libro de portada negra con la fotografía de una niña muy “chic” mirando a un futuro lector intruso. La coordinadora de DEMAC en aquel tiempo, la poeta Dolores Dorantes, me dijo “Ese libro es muy bueno, Consuelo”. No lo pensé más y lo compré. Recuerdo también que en aquella reunión conocí a Marisela Escobedo (1958-2010). Yo no sabía quién era ella, algunos años después supe que la mujer amable, sentada frente a mí y a la que sorprendí repetidas veces mirando con extrema bondad a mi hija de 6 años, era ella, la activista que luchó por atrapar al asesino de su hija, Rubí Marisol Frayre Escobedo, y terminó siendo asesinada de un disparo en la cabeza en la ciudad de Chihuahua. Todos estos elementos, los caminos, bifurcaciones y circunstancias imprevisibles por las que se llega a determinada obra, otorgan un significado distinto al momento de digerir o retomar la lectura. 

La novela breve se conforma de cuatro capítulos. Su autora, la doctora en filosofía Rosa Krauze de Kolteniuk (Polonia, 1923-Ciudad de México, 2003), reflexiona su historia personal; sin ser una biografía propiamente sino el rescate y reinterpretación de sus recuerdos y experiencias en la última fase de su vida, que transcurre a través del nido vacío, la viudez y la enfermedad al borde de sus 80 años. 

La primera estación lleva por título el mismo nombre que da vida al libro “Mamshi” que significa “Mamita” en el idioma yiddish. Voz narrativa en primera persona. La niña de cinco años en quien se revela, como por acto de sorpresiva conciencia, que a su madre le falta la mano derecha: 

-¡Mamshi!, ¿dónde está tu mano?, ¿tu brazo?, ¿quién te lo cortó? –grité desde la bañera, levantándome, titiritando, arrojando el agua al piso- ¡Mamshi!, ¿dónde está tu mano? 

Leer Completa en La libreta de Irma:
https://lalibretadeirmagallo.com/2016/07/30/mamshi-cuatro-estaciones-de-una-vida/ 


El terror del holocausto. De esto huyó la protagonista de Mamshi, Cuatro estaciones de una vida. Video homenaje a otro grande, Wladyslaw Szpilman.  

jueves, 21 de julio de 2016

Redes sociales: la identidad fragmentada


Fito Espinosa: El sujeto escindido


Hace unas semanas se volvió viral una entrevista que lleva por título Una mala persona no llega nunca a ser buen profesional, realizada al neurocientífico y psicólogo de Harvard, Howard Gardner. Título que mueve más a la duda que a la certeza, nos desplaza desde el optimismo más chabacano y ramplón, a la pregunta filosófica de ¿qué es ser bueno y qué es ser malo? La opinión del psicólogo es determinista, contundente. Generaliza que ningún profesional “malo” puede alcanzar la excelencia en su desempeño. Luego, Gardner, hace una ligera curvatura hacia la ética, es decir, bueno + ético = excelencia profesional. Dos adjetivos distintos y abstractos que, a veces, se encuentran juntos o por separado. Y el hecho de que no se encuentren, tampoco comprueba que el sujeto se asuma a sí mismo como fracaso. Argumento un tanto moralino, porque en él subyace la sentencia de que “el bueno siempre triunfa contra el malo” (qué más quisiéramos). Pero lo extraño es que, ¿cuántos se asumen a sí mismos como malos? Eso representaría, para algunos, someterse al autoanálisis más riguroso. Para otros, sería lo más parecido al autosabotaje. El malo y la mala siempre son los otros “No me mires a mí, apunta pa´ otro lado”. Cada uno conoce sus motivos, sus razones y circunstancias. 



Postura contrastante, si la equiparo con la publicación que circuló el reciente fin de semana y, curiosamente, también se volvió viral “El día que Pablo Neruda violó a una mujer Dalit” a 31 años de la publicación de sus memorias Confieso que he vivido del cual se rescató un episodio relatado por el poeta en el que se deja entrever que cometió una violación en contra de una mujer de la raza Tamil, una casta paria que no pertenece a ninguna de las cuatro razas privilegiadas en India:



“Una mañana, decidido a todo, la tomé fuertemente de la muñeca y la miré cara a cara. No había idioma alguno en que pudiera hablarle. Se dejó conducir por mí sin una sonrisa y pronto estuvo desnuda sobre mi cama. Su delgadísima cintura, sus plenas caderas, las desbordantes copas de sus senos, la hacían igual a las milenarias esculturas del sur de la India. El encuentro fue el de un hombre con una estatua. Permaneció todo el tiempo con sus ojos abiertos, impasible. Hacía bien en despreciarme. No se repitió la experiencia”.


Las opiniones no se hicieron esperar ¿Fue el poeta Pablo Neruda un violador? Ni duda cabe. Entonces, ¿Puede una mala persona ser un exitoso profesional? Claro que puede, como puede un violador misógino y repugnante ser un excelente escritor o poeta. 

Con este ejemplo quiero ilustrar lo frívolo y poco consistente de las opiniones que se emiten en las redes sociales. Hubo usuarios que cayeron en contradicciones. No dudan en apoyar tal o cual publicación, según su fluctuante estado de ánimo o circunstancias personales. Los teóricos y/o académicos no son infalibles, debemos aprender a dialogar y eso es lo que las redes sociales no permiten prospere. 

La ilusión de inmortalizar el instante a través de nuestras cuentas personales y redes sociales, incita a creer que estamos en control de casi cualquier cosa. Las redes sociales son el boulevard de los sueños alcanzables, de las nubes y elefantes rosas, de los activistas de escritorio, el nuevo Coliseo romano, el lugar de escarnio público y guarida de los anónimos y los cobardes. El lugar donde se crea la ilusión de pertenecer a una comunidad; pero esa comunidad es ficticia, irreal, representa nuestra zona de confort: se bloquea a quien se desagrada, se elimina y se agregan nuevos contactos, se cierra la charla si se pone incómoda, en inbox se conspira, se husmea, se stalkea. Nuestra conducta es alienada por la tecnología, sus usos y costumbres se hacen ley. “La invasión de los necios” como la llamó Umberto Eco, es un peligro latente. Por un momento, se posa en nuestras conciencias que no hay límites. Se publica todo lo acontecido y, mejor aún, la foto. Se viaja ligero y con algo de dinero, algunos contactos como referentes y ¡Eureka! Habitamos una modernidad líquida “Los sólidos conservan su forma y persisten en el tiempo: duran mientras los líquidos son informes y se transforman constantemente: fluyen” Z. Bauman. De la Modernidad líquida cruzamos a la Aldea global donde yo puedo tener lo que tú tienes; no habrá ningún problema si cohabitamos y aparentemente compartimos, ¿qué tanto es tantito? ¡Rompamos nuestro molde y hagamos uno amorfo de culturas híbridas y despersonalizadas! Siempre nos quedará Facebook, Instagram o Twitter.

Entre los aspectos positivos que he encontrado en las redes sociales ha sido revalorar la palabra amistad y la honestidad. Decir no a la sobreexposición. Las redes sociales con sus recovecos y artilugios inimaginables, me ha permitido ver el rostro oculto, las sombras y luces de las personas a mi alrededor. El síndrome de Procusto es el vivo ejemplo de que la maldad se mide por nuestra incapacidad de reconocer en el otro su espíritu de superación y talento “Se corta la cabeza y los pies de quien sobresale”, ¿cómo? difamándolo. Y eso proviene solamente del miedo, la inseguridad y falta de confianza en sí mismos. Los seres humanos somos blancos, negros, amarillos y pieles rojas... la condena proviene de la ignorancia: 

“Quien con monstruos lucha cuide de convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.” Friedrich W. Nietzsche


Publicación para el portal: JuárezDialoga 


domingo, 17 de julio de 2016

MUSA 69


Para la Musa, siempre . . .
y para Consuelo Saenz, una mujer de peligro


Se lo quedó viendo por largo rato ---si bien para las musas el tiempo es eterno, para la muerte lo es más--- y recordó vagamente el breve relato que el poeta le contara de un hombre que iba por la calle y se encontró una flor amarilla y se echó al piso y la cuidó, le cantó una canción, la regó y la cubrió con sus manos quedándose dormido junto a ella; y entonces la flor lo vio desde lo alto allí abajo acostado, tiernamente dormido, como desvalido, y suspirando la flor se dijo a sus adentros: «es como una flor...», y Erato suspiró también y masculló apenas: «Ah, Cortázar...»

El poeta permaneció allí en la misma postura de cuando partió la visitante a cargarse a un tal Beltrones y se lo dejara encargado a Erato. Respiraba en forma cortada, como negándose el aire de los demás y queriendo rechazarlo como un acto irónico ante esa cosa llamada vida y la cual hacía un buen rato ya no quería y se daba a la tarea de manifestarlo cada mañana: «¡Joder; amanecí!»

«¡Qué ganas de morirte, Poeta! Como si no hubiera cosas más importantes que morirse, carajo!», dijo la musa entre dientes. Se levantó de la silla mecedora dentro de la habitación y sacó el album de fotografías y comenzó el recorrido porque así lo había se lo había pedido el poeta mentalmente tal cual lo hiciera en sus años plenos en que ésta corría al instante al estante de los libros ya fuera por un tomo de T. S. Eliot o de W. B. Yeats, o a comprar tacos rojos de "los agachados", o a la tienda "El Águila" por papel de estraza y cordón de ixtle para empacar libros y libros que el poeta obsequiaba a los buenos amigos, o, para alguna nueva conquista fémina de la que él se huebiese enamorado.


Y allí estaba, en fotos, la vida del poeta junto a ella. La foto de la boleta de calificaciones de la primaria, siempre con la vista fija al punto superior izquierdo, con la sonrisa tímida esbozada pero sin mostrar los dientes (ésa manía de pensar que mostrar los dientes en una fotografía era de mal gusto, pero muy en el fondo era la encía de ua mujer lo que más atractiva la hacía hacia él); la foto dentro del grupo de tamboristas ---niñas todas--- en la que se lo ve con falda y "botas perras" de minero negrísimas y su tambor a un costado y en la punta de una bota una leve mancha blanca y que no era sino esa leyenda impresa que decía «si vuleves a burlarte de mí te parto el alma, hijo de puta...»; la foto en la que le estrecha la mano a Allen Ginsberg en una visita a un congreso de poetas; la foto junto a la bloqueadora dominicana de voleibol Candida Arias después de un encuentro con el equipo femenil puertoriqueño, ella, bellísima y con su "8" en la playera, los muslos enormes dándole al poeta un balón autografiado "para el poeta con cariño, Candida": «a mí no haces pendejo; lo que pasa es te gusta verles las nalgas a las jugadoras...», le dijo alguna vez un amigo en un restaurante y en un grupo de varios hombres y mujeres, a lo que hombres y mujeres, también, soltaron todos una carcajada mutitudinaria, el poeta le vació el guacamole para los totopos en la cabeza y le dijo: «estás equivocado, para mí el voleibol femenil es como el ajedrez";
la foto del primer Bruno comiéndose el rompecabezas de 3,000 piezas con escenas de la película Casablanca; la foto en la que aparece con toga y birrete en la graduación de la universidad de San Luis con doctorado por la facultad de Filosofía y Letras; la foto en la que recibe el "Premio de Poesía Betty Mtz Compeán" y lo dedica a Margarita Morán; la foto en la que Polimnia y Gerardo Meza Galván les colocan a él y a Erato el lazo en la ceremonia de su boda ---y por mucho tiempo el poeta se preguntó por qué carajo había accedido a casarse con la musa por la iglesia si él nunca creyó en esas cosas, a lo que el amigo Gerardo le contestara "porque la querías"---; las fotos de Erato en Budapest, sentada en la banca de un parque leyendo o escribiéndole cartas al poeta, cartas que éste nunca quiso siquiera recibir y que a pesar de ser portadoras de extensas hojas escritas, todas decían lo mismo en esencia con la frase de una canción de Guadalupe Trigo «♫♫ la verdad, yo también te necesito, te lo digo muy quedito: solamente soy de ti... ♫♪; fotos y fotos con memorias compromidas en un trozo de papel, recuerdos emotivos y tristes del andar de Hilario Trueba Reveles por este mundo, del brazo y por la calle ---como Marga López y Manolo Fabregas--- de este mundo.



Al final de uno de los álbumes encontró una carta de su propio puño y letra y que escribiese como una mera reflexión de su nuevo y recien cuenta habiente y de quien ya fuera prematura inspiración:


« Más Allá Del Olvido
a Julio 17, de mil novecientos siempre




Mi nombre es Erato.
No soy musa de muchos poetas, sólo de uno. Y unicamente de uno porque a uno me debo y no tengo que rendirle cuentas a nadie más, sólo a él. Llegué a su vida por mero accidente al evitar que se iniciara en el vicio de la cocaína. Me gusta el poeta. Me cae bien.
Aun a pesar de que lo visitan muchas mujeres, colegialas en busca de aventuras con un hombre maduro, amigas de ocasión de una que otra velada en la bohemia, colegas de antaño y de su misma edad a la caza de un encuentro sexual de "amigas con derecho".
No me pesa en nada que reciba a quien sea que él quiera recibir, no; pero lo que me indigna es que todas son iguales: me dejan el reguero en la cocina cuando se ponen a cocinar, olvidan los calzones debajo de la cama (ahhggg... ésas tiras y casi hilachos que se ponen hoy en día las mujeres que disque para verse más sexy; si no hay como las pantaletas normales como las que Dios manda, aunque al poeta le gusta que yo use los boy-short y que le resultan más decentes), medias y bras y los que termino por echar al bote de la basura sin siquiera preguntarle. Y no, no son los celos los que me mueven para despotricar en contra de las otras, qué va; lo que me fastidia es que son desordenadas, nunca dejan un traste de donde lo agarraron o, si es que con suerte los lavan, no lo hacen bien y los dejan sucios, colocan las cucharas mezcladas con las tenedores o con los cuchillos; si le lavan la ropa al poeta se la dejan toda percudida y si es que se la planchan no le ponen su debido almidón. No soy musa de muchos poetas. Pero éste me gusta porque no me había topado nunca con un mortal así de buena onda, siempre tan franco y sincero, que no tiene secretos para conmigo y que me considera. Este lugar me gusta.



Erato »

Cerró el album y de repente, zuuummm - plop, apareció otra vez la Muerte; sí, la mismísima Concha y Las Muchachas.


«Qué. ¿Ya tan pronto?»
«Sí, ya me lo cargué.»
«¡Eso es a lo que yo llamo servicio express!»
«Y bien, señorita, ¿cuál es la última voluntad del muertito?»
«¿Perdón?»
«Bueno, niña, quise decir del enfermito...»
«Ah, vaya. Pues sólo una.»
«¿Cuál?»
«Encontrarse con el amor de su vida.»
«Bien, chiquilla. Pues a darle sabor al caldo.»
«No entiendo.»
«Sí, chiquitina. Le vamos a dar su último "voltión con la Huesuda" antes de llevármelo definitivamente. De ello depende su destino.»
«Pues usted dirá, Señora.»



Ladislao Gutiérrez


La Redacción 



sábado, 16 de julio de 2016

Vía: camino, senda. Renacimiento


Y la vida es uno mismo, y uno mismo son los otros.
Juan Carlos Onetti


El tedio y la sensación persistente de vivir sin rumbo,  sin sentido,  habían invadido aquellos días de año nuevo. La rapidez con la que transcurre el tiempo  hace que enferme de  melancolía, esa es la palabra. La nostalgia  se aferra al pasado, siempre alimentándose de la caída. La melancolía,  en cambio,  es como la enfermedad crónica del alma, un sentimiento autónomo e independiente del pasado. Me preparaba para una temporada de embates existenciales. En lo más íntimo de mi ser anhelaba  fuese un ciclo de corta duración,  y  que   el sol brillara nuevamente para mí. Pero nada ofrecía un cambio permanente. La letra S del teclado se atascó, yo dejé de escribir por un tiempo. Cuestionaba mi desempeño en el mundo de las letras,   incluso,  dudé del talento que alguna vez sentí poseer. Dudaba de todo y de todos.   
    
     Una  tarde encontré una revista empotrada en el parabrisas de mi auto,  y sin prestar demasiada atención la arrojé dentro. Luego, al ojearla,  leí  La geomancia es el método de adivinación que interpreta las marcas en el piso o cualquier patrón que  forme. Es una ciencia de observación,  adivinación de esencia intima y oculta, cuyo fundamento es el alma, nuestro sol micro cósmico. Nos proporciona algunas claves y señales para orientar y meditar,  concluye la página. El camarero interrumpe  y coloca sobre la mesa dos tazas de café. La mía  tiene escrita en medio de un corazón la frase I love you.  Otra frase  anodina  cuelga  mis ojos en la taza de mi acompañante, es una lista interminable de Te amos que leía y releía durante toda nuestra charla.  Elucubré  ideas,  por ejemplo,  la respuesta que buscas está escrita en mi taza, pon atención.  O en tu taza está mi respuesta, ¿qué respuesta?   Busqué  en el celular la foto de una papa en forma de corazón que había encontrado en el mercado mientras hacia las compras, al mostrarla a mi acompañante éste exclamó  ¡Cómo contribuye la naturaleza enviando mensajes a quienes están dispuestos a creer.  Un ama de casa aburrida y contrariada ve en ello una respuesta. Nunca falla!   
     
     Así transcurrieron los días estacionados en episodios de pequeñas casualidades. Figuras caprichosas formándose por todos lados: la revista misteriosa en el parabrisas del auto, el tapiz del baño con trazos abstractos, la papa,  los te amos y los corazones  dictaban la sentencia. Situación tan sui géneris no representa mis creencias particulares, tampoco he solicitado una intervención divina.  Pero “si nada es casualidad” como algunos aseguran,  entonces,  algo o alguien trata de comunicarse conmigo. A esas alturas,  las divagaciones me facilitaban el beneficio de la curiosidad intelectual como  preámbulo a una nueva creación.
    
Leer publicación completa en:  
La libreta de Irma 

domingo, 10 de julio de 2016

Tizoc: Amor indio, película de 1957


Minuto 4:54 
-Un mal espíritu protege la vida de Tizoc, cuando no se muere ni se convierte en "colembra"

- ¡Canta "ticolote"! ¡canta! canta para que se muera ese maldito tacuate 

- Síiiiiiiii, cuando el tecoloti canta el indio muere... jejejeje pero aquí todos somos indios y cualquera de nosotros puede ser el muerto... jejeje es mejor que no cante el tecolote... 

- ... que no cante.   

Moraleja: 

  La ignorancia consiste en saberlo todo,  pero de otro modo.   

Sofocleto, escritor y periodista peruano


jueves, 7 de julio de 2016

La insoportable levedad del ser, carta abierta


"[...] La insoportable levedad del ser, muestra que los sujetos flotan en el limbo porque se desconectan de las relaciones amorosas/fraternales. La ruptura de la ligazón libidinal, en términos freudianos, es el cordón que amarra al sujeto a la tierra, es decir, que el narcisismo es el estado psicológico por excelencia de los nómadas límbicos."


Una mujer me envió hace unas semanas una carta ofensiva, fúrica y con señales claras de difamación (entiéndase por difamación, el descrédito por palabra o por escrito, sin poseer las pruebas de lo que denuncia. Contundente intención de causar desprestigio, falta de credibilidad y toda consecuencia adversa pública y privada que se derive de ello hacia mi persona). La carta, extensa, extensísima donde esta mujer hace un "copy page" burdo y sacado de contexto de nuestras anteriores misivas debido a los meses que tuvimos una amistad, si se le puede llamar así. Amistad que yo decidí dar por terminada a inicios del 2014, por motivos de abuso y deshonestidad cometidos en mi contra. En dicha carta me acusa de ser bisexual, realizar conjuros de magia negra y de haber cometido plagio. Bueno, todo parece muy cómico. A estas alturas de mi vida que me acusen de bisexual, no me ofende, que me acuse de bruja negra, tampoco. Que se le acuse a cualquiera de plagio sin mostrar pruebas, eso sí, puede y debe castigarse. Someterse a escrutinio ante las autoridades correspondientes.



     

    Semanas después, el alumno, Michel Vázquez, comentó a mi esposo que el maestro José Luis López Ulloa  le dijo que yo cometí plagio cuando fui su alumna. El chisme me causó sorpresa e indignación.


     Pasaron semanas para que yo recordara de qué hablaba López Ulloa, y recordé que  fue en una materia optativa, cuando nos pidió un trabajo final. Le entregué mi trabajo y días después me llamó a su oficina, y con actitud de ofendido, me dijo que mi trabajo era un plagio. Tomó un libro de su estante y buscó una página, la leyó, e inmediatamente se remitió a mi trabajo y señaló lo que escribí. Era el mismo párrafo pero sin citar la fuente correspondiente. Me advirtió que estaba reprobada. Así quedaron las cosas. Fue un despiste total donde no cité a los grandes teóricos: Foucault, Bourdie, Luckman, Lucáks y otros más.  Sí, conozco los requisitos rigurosos y la metodología del texto académico. Acostumbrada a entregar trabajos, realizar investigaciones, escribir algunos ensayos, etcétera. ¿Cómo pudo ocurrir? La respuesta podrá parecer simple, y muchos se sorprenderán porque no es un síntoma que le ocurra a la mayoría. Sin embargo, quienes lo padecimos podemos creerlo. Además la ciencia médica puede corroborarlo. Cuando ocurrieron los hechos, yo me encontraba embarazada de mi segundo hijo. Y padecí de un síndrome llamado Amnesia del embarazo, es un síntoma serio que afecta a algunas mujeres embarazadas. Con mi primer embarazo tampoco me fue menos mal, padecí Depresión posparto, síndrome que tampoco se tenía bien registrado y documentado en 2003, fecha de nacimiento de mi hija. Esa fue la razón de mi laguna mental. No lo comenté al maestro y tampoco lo comenté después, porque le resté importancia. Jamás me imaginé que luego de 11 años, el Dr. López Ulloa continúe con su desprestigio en mi contra frente a todos los colegas y alumnos que lo escuchen. ¿Por qué insiste en seguir nombrando esa experiencia? ¿Estamos frente a otro caso de machismo y misoginia, de saña o falta de sentido común por parte del académico y de una mujer que se autoproclama feminista?


      No es la primera vez que López Ulloa se mofa de los alumnos y ex alumnos en clases y fuera del plantel. Tengo en mi poder una carta escrita por el Dr. en Antropología, Roberto García Zavala (Sociólogo, egresado de la UACJ), en la que figura el nombre del Dr. López Ulloa de forma comprometedora y ruin, debido a indiscreciones y chismes propagados por él, a mediados de la década del 2000, cuando García Zavala se encontraba en Ciudad de México realizando la tesis de su doctorado y lo puso en riesgo de muerte.


      De proseguir dicha actitud, recurriré a las autoridades correspondientes para que cese la difamación que ha propagado el Dr. López Ulloa en mi contra y demás personas involucradas. Es mi derecho como egresada del plantel y su responsabilidad como docente en activo.

lunes, 4 de julio de 2016

Mademoiselle C

Los placeres del amor son dolores que se hacen deseables, 
en mezcla de dulzura y tormento,
y así el amor es locura voluntaria, 
el paraíso infernal,
y el infierno celestial, en pocas palabras,
la armonía de los deseos opuestos,
la risa triste, diamante suave.
Umberto Eco



Escribes una carta tras otra. Escribes a Paul. Escribes a otras personas. Le escribes a él. Tu madre ha dejado órdenes estrictas de mantenerte incomunicada: no enviarás ni recibirás correspondencia. Estás vigilada de día y de noche. No entiendes nada, te has sumido en las tinieblas de una noche eterna. Los hechos se tornan confusos. Tu seguridad divaga, la verdad es difusa. La razón de sus motivos se desdibuja. Los matices entre el bien y el mal inician su danza, se entrecruzan y separan, como lenguas de fuego hacia el infinito. Estás ahí, puedes sentir el frío de crudos inviernos que destilan humedad de esas paredes manchadas de algo. El olor a orines penetra muy hondo, como penetra el frío, otra vez, ese maldito e interminable frío pasmado en los huesos. Esos fríos que no te han permitido mantenerte en pie, ni soltar la mano; por eso no has escrito. Llevas unas semanas sin hacerlo. En este lugar tan apartado del bullicio citadino los inviernos duran siete meses, ni uno menos. Eres displicente, huyes de la bulla colectiva en la sala general, donde arde el fuego lento y mezquino del fogón. Una de tus amigas, la profesora del instituto Fenelón, fue encontrada muerta: Hipotermia. 

¿Cómo llegaste hasta aquí? Lo último que recuerdas es a dos tipos vestidos de blanco que irrumpen en la pieza. En tu santuario. Indefensa y desnuda, tirada en el piso; no opusiste resistencia, sabías que sería inútil pretender escapar. Ellos no serían piadosos, no disimularían las condiciones en las que te encontraron, época posterior a la muerte de tu padre: el único genio, el gigante, el único que te amó incondicionalmente. Tu remanso y apoyo. No, no les importó tu dolor, abandono y desesperación. En su testimonio juraron describir las condiciones del lugar, para terminar de una vez por todas, con las dudas de tu escasa salud mental: ventanas tapiadas, puertas y ventanas reforzadas con múltiples candados desde el interior. Trampas para las ratas entre abundante excremento de gatos. 

Todo en tu contra. Naciste distinta. Como la flor doble. Una mutación de la naturaleza. Carácter viril y andrógino. Vocación temprana y oposición familiar. Mentor y amante fueron lo mismo. Eres “la hermana de”, “la amante de”. Siempre a la sombra de los grandes genios. 

Ellos te interrogan, no paran de hacerlo. Sabes que eso les dará ventaja para mantenerte aquí. Sin embargo, tu mente lúcida no quebranta el discurso: fuiste secuestrada. Tu amante se alió a tu familia para encerrarte y robar tu obra. Él no tiene imaginación. Tú se la brindaste. Todos lo saben, solo que fingen no saberlo. Él los ha comprado, tiene influencia, tiene prestigio ¿Quién eres tú ante eso? Él intentó envenenarte a través de los alimentos que los vecinos del lugar trataban de hacerte llegar desde tu ventana ¿Recuerdas? Previo a la época de semana santa, cuando decidiste enclaustrarte sólo por algunas semanas en tu taller. Luego, descubriste que formó una banda de modelos italianos que trabajaban para él, con el único propósito de hurtar los bocetos, libretas y réplicas de tu obra. Nadie te creerá. Nadie cree que está celoso de tu talento e ingenio. Trastorno delirante crónico. Víctima de una persecución en su contra, te diagnostican. 

Leer completa en La libreta de Irma